viernes, 1 de diciembre de 2017

Indian Creek, de Pete Fromm

Pete Fromm
INDIAN CREEK
Un invierno a solas en la naturaleza salvaje
[Indian Creek Chronicles:
A Winter Alone in the Wilderness
, 1993]
Trad. Carmen Torres García
Errata Naturae, 2017 - 312 págs. - inicio
[más Nature Wri­ting, pero no mejor]
«Una vez que los guardas forestales se marcharon, la pequeña tienda que habíamos montado me pareció aún más diminuta. Me quedé plantado delante de ella y un estremecimiento que achaqué a una ráfaga de viento me recorrió el cuello. ¿En serio iba a vivir allí a partir de ahora? ¿Sería aquél mi hogar durante los siguientes siete meses? ¿Durante todo el invierno? ¿Solo? Alcé la vista hacia las escarpadas y oscuras paredes del cañón que encajonaban el río y que ya cortaban el sol de media tarde. Más allá de aquellos muros de piedra y árboles sólo cabía esperar más parajes naturales pertenecientes al Selway-Bitterroot Wilderness. Estaba solo, en pleno corazón de la naturaleza.
    La sombra del cañón se cernía sobre mí, así que me alejé a toda prisa para alcanzar la luz del sol que aún iluminaba el prado. La hierba me llegaba a las rodillas y crujía bajo mis pasos, y la brisa susurraba a través de los altísimos abetos y cedros que cercaban el pequeño claro. El dulce rumor del río lo atravesaba, oreando una quietud insistente que me envolvía como un sudario.
  Me detuve ante el poste de teléfono que el guarda me había asegurado que me conectaría con el mundo exterior. El día anterior habíamos descubierto que no funcionaba. Lo descolgué de todos modos y escuché su silencio hueco, la voz del resto del mundo. Con el auricular aún pegado a la oreja, me giré y volví la vista a la tienda sumida ya en las sombras y con la distancia suficiente para estudiarla con perspectiva.
  Las paredes de lona encerraban un área de cuatro metros por cinco. Los guardas me lo habían resaltado, alardeando de sus dimensiones como si fuera extraordinariamente espaciosa. Por teléfono, sentado en la piscina de la universidad, cuando acepté este trabajo, me había imaginado un palacio.» (págs. 11-12)

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