miércoles, 15 de noviembre de 2017

Prohibido nacer, de Trevor Noah

Trevor Noah
PROHIBIDO NACER
Memorias de racismo, rabia y risa
[Born a Crime, 2016]
Trad. Javier Calvo
Blackie Books, 2017 - 336 pags
Narrar la fatalidad con humor, E. Lindo
[autobiografía monologada, o viceversa]
«Mi madre me llevaba a sitios adonde la gente negra no iba nunca. Ella se negaba a dejarse constreñir por ideas ridículas acerca de lo que la gente negra podía hacer o no. Por ejemplo, solía llevarme a patinar a la pista de hielo. En Johannesburgo también había un autocine de dimensiones épicas, el Top Star, situado encima del vertedero gigantesco de una mina, en las afueras. Ella me llevaba a ver películas allí; comprábamos algo de picar y colgábamos el altavoz de la ventanilla del coche. El Top Star tenía unas vistas de 360º de la ciudad, los pueblos residenciales y Soweto. Desde allí arriba yo podía ver a millas y millas de distancia en todas las direcciones. Me daba la sensación de estar en la cima del mundo.
    Mi madre me crió como si las cosas que yo podía hacer y los sitios a los que podía ir no tuvieran límite alguno. Cuando me acuerdo de aquella época me doy cuenta de que me crió como si yo fuera un niño blanco; no en términos culturales, sino en el sentido de hacerme creer que el mundo estaba a mis pies, que tenía que decir siempre lo que pensaba y que mis ideas, pensamientos y decisiones importaban. Nos pasamos el día diciendo que uno tiene que hacer realidad sus sueños, pero uno solo puede soñar con lo que es capaz de imaginar, y dependiendo de donde vengas, la imaginación puede ser muy limitada. Si crecías en Soweto, tu sueño podía ser construir otra habitación en tu casa [...] Porque era lo único que conocías. Los escalones superiores de lo posible, en cambio, estaban fuera del mundo que podías ver. Mi madre me enseñó lo que era posible. Y lo que siempre me asombraba de su vida era que a ella no se lo había enseñado nadie. Lo había hecho todo ella sola. Había encontrado su camino a base de voluntad pura.» (págs. 88-89)
"Ayuda a distinguir la desgracia real de la fantasía del dolor", E. Lindo

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