viernes, 10 de noviembre de 2017

Escrito en el jardín, de Xuan Bello

Xuan Bello (sí, el de Paniceiros)
ESCRITO EN EL JARDÍN
[Escrito nel xardín, 2017]
Trad. del autor y José Luis Piquero
Xordica, 2017 - 152 págs. - captar el instante
[delicatessen]
LAS MEMORIAS DE LA TIERRA
«Dicen algunos especialistas -estos días estoy leyendo mucho sobre el tema- que la tierra de los huertos conserva la memoria de sus cultivos. La pomarada de la casa donde vivo era, hasta hace unos veinte años, también tierra de labor. Aquí se sembraban patatas, lechugas, puerros, alubias de distintas clases, guisantes, nabos (que todavía nacen sin que nadie los siembre) y berzas. [...] He labrado un rectángulo mínimo una estaxina apenas, de diez por cinco metros. Mis vecinos me han dicho que con eso no tengo para nada, pero yo sueño con aquel poema de Yeats, ese en el que el poeta sueña con irse a las riberas del lago Innisfree, construirse una cabaña, sembrar siete surcos de habas y esperar a que el silencio destile palabras nuevas. Mi huerto mínimo, que quiero cercar para convertir en finca, tendrá su memoria como dicen los expertos, pero yo no la tengo de él. Fresas, patatas, cebollas... eso es todo lo que espero. Tras arar la tierra y abonarla, ¿cómo empezar? Para los ajos ya voy tarde y el trigo sarraceno que me trajeron de Bretaña necesitaría, sin duda, más espacio. ¿Debería dibujar un croquis, como recomiendan las guías, planificándolo todo de antemano? ¿Fijarme en la luna y observar sus mutaciones? Hace años, cuando la guerra de Irak, mi madre se asustó mucho. Para tranquilizarme, y disimular su miedo, me dijo por teléfono:
  -Tranquilu, nin, que nós somos de los que saben semar patacas.
   [Tranquilo, hijo, que nosotros somos de los que sabemos sembrar patatas]
  Lo es ella, y todos mis antepasados, pero a mí ese conocimiento se me escapa. Admiro la ternura y la violencia con que mi madre trata a la tierra; yo parece que tengo miedo de romperla, como si cuando cavase con la azada estuviese desordenando, a cada golpe, el secreto entramado del mundo.» (pág. 113-114)
Leer el texto completo en El Comercio de Asturias.

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