lunes, 27 de febrero de 2017

Mac y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas

Enrique Vila-Matas
MAC Y SU CONTRATIEMPO
Biblioteca Breve
Seix Barral, 2017
304 páginas - inicio
[sorprendente]
[ÓSCOPO 33]
«Si yo desapareciera y mi diario lo encontrara una persona que no me conociera de nada pero, por la causa que fuera, tuviera acceso a los archivos de mi ordenador, esa persona, en caso de tomarse la molestia de adentrarse en estas páginas, podría en algún momento llegar a pensar que si me fascinan las falsificaciones y, por ejemplo, he ocultado aquí durante días que [...], también podría ser que mintiera al decir que soy un principiante en asuntos de escritura. Pero ese lector, esa persona que estaría en su derecho de pensar que no soy un debutante, no sólo estaría equivocándose mucho al pensarlo, sino menospreciando, de un modo horrible, el intenso y duro trabajo que llevo a cabo a diario para ajustar, lo más perfectamente posible, el texto; un trabajo cargado de sentido, gracias a la compensación que recibo al ver que voy aprendiendo a ir adelante en este cuaderno, donde ensayo caminos día a día, siempre queriendo saber más, siempre buscando saber qué escribiría si escribiese: día a día cosiendo mi imaginario, tejiendo una estructura que no sé si en algún momento sentiré terminada; día a día construyendo un repertorio que intuyo finito y perpetuo como todo léxico familiar: un diario en el que podría quedarme mucho tiempo, cambiando poco a poco cada fragmento, cada frase, hasta repetirlo todo de tantas miles de maneras diferentes que agotara el repertorio y me viera asomado a los límites de lo nunca dicho o, mejor, a las puertas de lo indecible.» (p. 234)

Algunos abrazos a Mac y a Enrique


“Pasé día y medio absorbido en la lectura de Mac y su contratiempo”. Manuel Rodríguez Rivero (El País).

“Vila-Matas va un poco más lejos y convierte la reescritura de su novela de relatos Una casa para siempre en una experiencia fascinante, un verdadero máster "gratuito" de literatura o de eso que ahora se llama, académica y pomposamente, escritura creativa”. J. Albacete (De Verdad digital).

“La improvisación fingida que Vila-Matas quiere aparentar descubre, al contrario, una novela magistral, perfectamente hilvanada de principio a fin”. Natalio Blanco (Diario 16).

“Cuento, novela, ensayo, diario… En realidad, su obra se puede entender como comentario a la historia de la literatura [...] Tienes la sensación de que estás ante un libro-mercurio, un libro que se escapa, que elude cualquier posibilidad de apresarlo. Como la propia obra del escritor, que, a través de la recreación, avanza hacia un lugar que aún no está creado del todo”. Miguel Ángel Hernández (Revista eñe).

“El proceso de escribir propiamente dicho es el que permite al autor descubrir lo que quiere decir”. Nadal Suau (El Cultural).

“La defensa de la repetición, entendida como una modificación infatigable, es el tema de esta novela, que narra cómo se ha ido construyendo la historia de la literatura a partir de las sucesivas variaciones de un primer relato oral”. Ana Rodríguez Fischer (Babelia).

“Humor, sorpresas, vacíos, ambigüedades, fugas y situaciones absurdas: ingredientes de este gran libro”. JA Masoliver Ródenas (La Vanguardia).

“Mac acaricia la idea de escribir una obra inacabada adrede, como pudo serlo la última de Georges Perec, 53 días, que fue una reescritura de La Cartuja de Parma de Stendhal. Esa referencia da otra de las claves de esta novela de Vila-Matas”. Domingo Ródenas (El Periódico).

“La obra de Vila-Matas está llena de escritores porque, por encima de cualquier otra cosa, es un lector que reflexiona en voz alta. Cheever y otros maestros del cuento sobrevuelan esta novela”. JM Pozuelo Yvancos (ABC Cultural).

“Enrique Vila-Matas: Aunque no lo quiera, la literatura invade mi vida”. Laura Fernández (El Mundo).

miércoles, 22 de febrero de 2017

El uso de las ruinas, de Jean-Yves Jouannais

Jean-Yves Jouannais
EL USO DE LAS RUINAS
RETRATOS OBSIDIONALES
L'usage des ruines (2012)
Trad. José Ramón Monreal
Acantilado, 2017 - 160 páginas - inicio
[la historia vista desde los escombros]

[WŁODZIMIERZ BOGACKI] «Quedó marcado por los desastres sufridos por los pueblos y las ciudades, en particular por la destrucción de Kamenets y el saqueo de Mohilev. A fin de dar cuenta de su impacto emocional y de explicarse a sí mismo su naturaleza, empieza a hacer croquis de estas ciudades devastadas. En un primer momento son vistas de conjunto. Seguidamente se aplica a restituir detalles cada vez más precisos de esas escenas. Entonces da comienzo a una especie de tipología de los escombros en términos de materiología: vigas calcinadas, frescos de tejas rotas, constelaciones de cristales hechos añicos... Es en ese momento cuando descubre el libro del capitán D'Arpentigny, La Chirognomonie, publicado en 1843, cuya teoría se revela una extensión de la quiromancia. Día tras día, los cuadernos de dibujo de Wlodzimierz Bogacku cambian de aspecto y, sin que pueda adivinarlo aún, de función. [...] Y lo que descubre es una ligazón objetiva entre su curiosidad por el aspecto de las ruinas y la simpatía que siente hacia las tesis del militar quiromántico francés. En medio del tercer cuaderno, [...] Bogacki anota, en letras mayúsculas y acentuando el trazo, la palabra destructología. Lo que él denomina así, y que debería designar a priori una "ciencia de la devastación", resulta ser una mántica: una ciencia adivinatoria que incluye, como todas las técnicas de esta familia, la facultad de predecir, la acción de consultar un oráculo y la capacidad de interpretar la respuesta dada. Alejándose de los preceptos de La Chirognomonie, avanza solo en la elaboración de una ciencia que permita arrojar luz sobre el futuro de las naciones y de los seres mediante la interpretación de los escombros de guerra.» (p. 45-46)


DONDE SE COMIENZA, NATURALMENTE,
POR SABER MÁS ACERCA DEL VERDADERO
AUTOR DE ESTA OBRA...
El libro contiene prólogo y epílogo en los que Jouannais (Historia abreviada de la literatura portátil) mantiene un divertido juego de autorías cruzadas con Vila-Matas (Artistes sans oeuvres. I Would prefer not to).
DONDE SE TERMINA, TAL VEZ UN POCO TARDE,
POR COMPRENDER DE FORMA MÁS PRECISA
LO QUE QUIERE DECIR OBSIDIONAL

lunes, 20 de febrero de 2017

Un padre extranjero, de Eduardo Berti

Eduardo Berti
UN PADRE EXTRANJERO
Impedimenta, 2016
348 páginas - inicio
Berti, Oulipiano
[good]
«Muchas veces me pregunté en estos años cuánto ignoraba mi madre, en tanto esposa, y cuánto yo, en tanto hijo, de lo que ocultaba mi padre. De lo que él ocultaba adrede y de lo que estaba, por así decirlo, oculto a pesar de él. Con el tiempo, tras la muerte de mi padre, me he acusado a mí mismo de aceptar el "relato" que postulaba él. Me he acusado de no haber hecho preguntas. Hubiese sido muy fácil. O no tanto. Si no lo hice, creo hoy (me disculpo hoy), fue porque ignoraba qué debía preguntarle. En síntesis, resulta que un buen día yo me fui a vivir lejos, a vivir en el extranjero, a entender cuáles preguntas debía hacerle a mi padre para entenderlo, y cuando al fin logré reunir esas preciadas preguntas (y mientras las ordenaba y mientras juntaba valor y calma para hacérselas) mi padre murió sin mí, mi padre murió conmigo en el extranjero (podría decir que estábamos los dos en el extranjero, cada cual en su extranjero), conmigo lejos de él o, mejor dicho, conmigo al pie de su cama porque viajé con urgencia y pude hacer así un duelo con él muriendo, no con él muerto.
* * *
Me acuerdo de la primera vez que oí a mi padre hablar en su idioma fantasma...» (p. 103-104)

sábado, 18 de febrero de 2017

Lola Lafon: La pequeña comunista que no sonreía nunca

LOLA LAFON (sobre Nadia Comaneci)
LA PEQUEÑA COMUNISTA QUE NO SONREÍA NUNCA
[La petite communiste qui ne souriait jamais, 2014]
Trad. Francesc Rovira
Anagrama, 2015 - 288 páginas - inicio
First perfect ten in history (Montreal 1976)
Nadia (en 1976) vs Simone Biles (en 2016)
[mejor la historia que su relato]

«—Esa abundancia, ¿la impresionaba?
—Desde luego. Mire, la primera vez que mi madre viajó a Occidente fue a un suburbio de Nueva Jersey. Pues bien, se puso a llorar en los pasillos de un pequeño supermercado.
  Intento comprender. Acaso lloraba Stefania de felicidad, de emoción por aquellas nuevas posibilidades de elección, por el hecho mismo de poder elegir, y Nadia me corta casi brutal. Por la repugnancia ante aquella acumulación absurda, me corrige. De tristeza por sentirse invadida de deseo frente a tanta nada.
—En nuestro país no teníamos nada que desear. En el suyo, en cambio, uno está permanentemente obligado a desear.» (p. 83-84)
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martes, 14 de febrero de 2017

La casa del lago, de Thomas Harding

THOMAS HARDING
LA CASA DEL LAGO
Berlín. Una casa. Cinco familias. Cien años de historia
[The House by the Lake, 2015]
Trad. Alejandro Pradera
Galaxia Gutenberg, 2017 - 440 páginas - inicio
The Alexander Haus Project
[la espantosa historia de Alemania durante el siglo XX,
contada de otra manera; me encantó]

«Toda mi vida había oído hablar de la casa del lago, es decir de "Glienicke". Había sido una obsesión para mi abuela, Elsie, que hablaba de ella con entusiasmo, para evocar una época en que la vida era fácil, divertida y sencilla. Aquella casa había sido, decía, la casa de su alma.
  Mi familia, los Alexander, había prosperado en los años de la abundancia de Berlín en la década de 1920. Era una familia de judíos acomodados y cosmopolitas, y sus valores eran los valores de Alemania: trabajaban mucho y se divertían, asistían a la última exposición, a la obra de teatro más reciente, iban a los conciertos, y daban largos paseos por la campiña de los alrededores de la ciudad. En cuanto pudieron permitírselo, se construyeron una casita de madera a orillas del lago, un símbolo de su éxito. Pasaban todos los veranos en Glienicke, disfrutando de una vida rústica y sencilla, cuidando de su jardín, bañándose en el lago, y celebrando fiestas en la terraza. En mi fuero interno, yo guardaba una imagen de la casa, construida a través de las fotografías de color sepia que me enseñaron desde que era pequeño: un lago resplandeciente, una habitación de paneles de madera, con una chimenea y una mecedora, una pradera muy bien cuidada, una pista de tenis.
    Pero con el ascenso de los nazis, los Alexander se vieron obligados a huir, y se trasladaron a Londres, donde se esforzaron por rehacer su vida. Ellos se salvaron, mientras que muchos otros no lo consiguieron, pero se marcharon sin casi nada. En mi familia, ésa era la historia de Glienicke: una casa antaño muy querida, que posteriormente les robaron, situada en un país que habían pasado a aborrecer.» (p. 25-26)

martes, 7 de febrero de 2017

Rebecca Solnit: Los hombres me explican cosas

Rebecca Solnit
LOS HOMBRES ME EXPLICAN COSAS
[Men Explain Things to Me, 2014]
Trad. Paula Martín Ponz
Capitán Swing, 2016, 152 páginas
mansplaining = man+explaining
[curioso]
«El término derecho sexual fue utilizado en 2012 en referencia a las agresiones sexuales cometidas por el equipo de hockey de la Universidad de Boston, aunque se pueden encontrar usos previos de este término. Yo lo escuché por primera vez en 2013, en un informe de la BBC sobre un estudio acerca acerca de la violación en Asia. El estudio concluía que en muchos casos, el motivo de la violación era la idea de que un hombre tiene derecho a tener sexo con una mujer sin importar el deseo de esta. En otras palabras, o consideran que sus derechos son mayores que los de ella, o que ella no tiene ninguno. Esta sensación de que el sexo es algo que las mujeres les deben a los hombres está en todas partes. A muchas mujeres se nos dice —como me lo dijeron a mí en mi juventud— que por algo que hicimos o dijimos, por cómo vestíamos o simplemente por nuestro aspecto, por el hecho de que éramos mujeres habíamos provocado el deseo y que, en consecuencia, contractualmente estábamos obligadas a satisfacerlo. Se lo debíamos. Ellos tenían ese derecho. Derecho a nosotras.» (p. 119-120)

sábado, 4 de febrero de 2017

Nazario y Ocaña

Nazario Luque
LA VIDA COTIDIANA DEL DIBUJANTE
UNDERGROUND

Anagrama, 2016 - 296 páginas
De cuando Nazario era underground
[excesivo]
«Ocaña decía que ella sería eterna, que no moriría nunca, y, para conjurar la sombra de la muerte, se le ocurrió un día realizar un cuadro inmenso en el que aparecía muerto en la cama disfrazado de monaguillo con túnica roja y roquete blanco. Entre los asistentes al velatorio estaba él mismo, con un vestido primaveral todo cubierto de flores, como un ave Fénix, sobrevolado por un enjambre de cabezas de angelitos alados en los que estaban representadas las caras de todos sus más íntimos amigos y novios. En el cuadro no podía faltar una vista de Cantillana asomando por una ventana. ¿Había oído en alguna ocasión hablar de Espronceda y el estudiante de Salamanca encontrándose en la calle con su propio entierro? No creo que una persona tan vitalista como él tuviera esa visión romántica y torturada de la muerte. La muerte era para él algo totalmente improbable, por lo que su manera de tratarla debía ser lírica y festiva. ¡Y sobre todo teatral! Para él la muerte eran los cementerios encalados con cipreses, los velatorios con el aguardiente, los coros lorquianos de viejas enlutadas y los ataúdes escoltados por grandes cirios. No recuerdo que usara jamás una calavera ni un esqueleto como imagen de la muerte. «Nena, cuando nos muramos que nos entierren cerquita para seguir peleando hasta después de muertas», escribió Ocaña detrás de un cuadrito que le regaló a Alejandro.» (p. 146)
Ocaña, El Velatorio

miércoles, 1 de febrero de 2017

Biografía del fracaso, de Luis Antonio de Villena

Luis Antonio de Villena
BIOGRAFÍA DEL FRACASO
Ed. Planeta, 1997
243 páginas
[ni me acuerdo]

«...se podría trazar una tipología razonada del perdedor: el que no pudo, el que no quiso, el que cayó más lejos. El cobarde, el excesivo, el aceptador, el comprado. El que asume una cierta mediocridad, el que se rebela, el que -presa de una ansia- se destruye a sí mismo. Perdedores todos, se comportan de manera muy distinta. Lo que cualquier perdedor ha de tener es el impulso de arranque. Es decir, el perdedor no es propiamente un mediocre o un fracasado a secas, sino quien ha intentado ser más -desde el punto que sea, puede ser muy alto- y desde ahí ha llegado al derrumbe. En todo perdedor hay un salto (aunque sea hacia atrás) por pequeño que sea, y ese impulso -que puede ser autodestructivo- convierte al perdedor, respecto a la mayoría común, en un aristócrata.»