jueves, 27 de julio de 2017

Fabia Linde, de Azorín

José Martínez Ruiz, Azorín (1873-1967)
FABIA LINDE y otros cuentos
Edición de María Martínez del Portal
Portada: Homenaje a Van Gogh, de Ramon Gaya
Ed. Ateneo Literario de Yecla, 1992
[admirable selección cronológica de los cuentos
más representativos de Azorín]
«Fabia Linde nació un mes de enero, de madrugada, poco antes de señalarse el alba en el horizonte. El parto de la madre fue terrible, angustioso; lastimada, sanguinolenta, retorcida, nació la niña. Nevaba copiosamente, sin parar, desde hacía seis horas. Las calles del pueblo tenían medio metro de nieve; todo estaba en silencio; la luz de la ventana —en el cuarto de la parturienta— ponía en la blancura vaga, fosca, de la calle un débil resplandor dorado. La madre de Fabia murió a las ocho de la mañana. El médico, cuatro días después, fenecía también de una congestión pulmonar, cogida la noche del parto. Fabia Linde estaba tan débil, tan maltrecha —parecía una piltrafita amarillenta—, que nadie creyó que viviera. Mandaron ya a una cajería próxima a ver un ataudito para la criatura. Las asistentas de la madre lloraban, lloraban, y se enjugaban de cuando en cuando —"¡Ay Señor!"— los ojos con la punta de los pañuelos. La madre, silenciosa, desvanecida, allá en el fondo de la alcoba, pajiza la cara, blanca la cara, entre lo blanco de las almohadas y de las sábanas, dejaba escapar, de tarde en tarde, un hondo gemido. Y la niñita, en brazos de una vecina, estaba en un rincón. Los ojitos los tenía cerrados; las manceitas, cerradas, parecían dos pelotoncitos de nieve. A cada momento, la vecina, suavemente, con el índice y el pulgar, poniendo mucho cuidado en la operación, le abría los ojos a la niña. No, no se había muerto aún; todavía respiraba. La criatura, con los ojos abiertos, se revolvía un poco; sus puños subían y bajaban. No se había muerto aún; le quedaba todavía un soplo de vida. De la cajería habían vuelto, y el mensajero había dicho unas palabras al oído de la vecina que tenía a la niña.» (págs. 105-106)
*Se publica en el semanario Blanco y Negro, 16 de enero de 1927. Su autor lo incluye en la colección Blanco en azul (1929). El misterioso enigma que envuelve a Fabia Linde, al igual que a Salvadora de Olbena de Memorias inmemoriales (1946), lleva a pensar en Annabel Lee, de Edgar Allan Poe. A dicho personaje hace referencia Azorín en el cuento "La hechicera de Cuenca" de Memorias inmemoriales.

lunes, 17 de julio de 2017

Examen de ingenios José Manuel Caballero Bonald

José Manuel Caballero Bonald
EXAMEN DE INGENIOS
Seix Barral, 2017 - 464 páginas - fragmento
[a Nadal le gusta Bonald,a Bonald no le gusta Azorín,
a mí no me gusta Bonald]
AZORÍN
«Más de una vez lo vi cruzar por la Red de San Luis, por la Carrera de San Jerónimo, casi despojado de volumen, con esa furtiva actitud del que teme ser interceptado en el camino que conduce a la inmortalidad, ya transferido prácticamente al estado de momia andariega. Daba la impresión de que iba perdiendo peso a medida que se acercaba, deslizándose sin moverse, todo afilado y enjuto, con el perfil de un maniquí al que han pulido hasta la transparencia. Vendría del cine o iría al cine o no vendría ni iría a ningún otro sitio que a su propia esfera incomunicativa. Un rostro imperturbable, arrugado y terso a la vez, sobresalía tenuemente del sobretodo como si no perteneciera más que a medias a aquella figura tan enteca, tan pulcra y vaporosa.
    Nunca me permití perturbar el orden rigurosísimo de ese paseo de Azorín y alguna vez lo seguí con ánimo de comprobar si aquel itinerario tenía su término natural o, por el contrario, se ajustaba a un circuito perpetuo. También era posible que una imagen tan sutil no admitiese ninguna comprobación sobre sus verdaderos desplazamientos. Vivía a un paso de donde siempre lo vi, por detrás del Congreso, calle Zorrilla, 21. Entraba en el portal de su casa como si hubiese elegido finalmente volver al lugar donde tenía su acomodo inmóvil y del que nunca debía de haber salido, sobre todo para no exponerse a algún presunto encontronazo con los emisarios de la fama.
    Un día me agregué a título de intruso a una delegación de poetas de corte garcilasista que fue a visitar a Azorín. Iban a hablarle de un homenaje que se le quería tributar con motivo del cincuentenario de la publicación de La ruta de Don Quijote. El salón de la casa de Azorín tenía todo el aspecto del salón de la casa de Azorín, convenientemente enaltecido con el excelente retrato que le pintó Zuloaga. Libros, cuadros, más libros, cerámicas, más libros, cachivaches, más libros [...]
    Azorín traspasó a su escritura todo lo pulcro y adelgazante de su apariencia. No se produjeron ni circunloquios ni ciclos intermedios. Allí estaba la prosa ortopédica frente al lector como un veredicto inapelable. Una prosa lacónica, indefectiblemente utilitaria, estimable en términos de abalorio, sobria hasta la sequedad, hecha de elementales economías sintácticas, sostenida por un léxico ligeramente arcaizante, cada sustantivo adornado de dos, tres adjetivos. “La literatura está en el adjetivo”, dijo certeramente alguna vez. Pero su prosa era tan sucinta que en ocasiones, más que prosa, parecía apunte de urgencia, nota de agenda, la antítesis en cierto modo de la de su paisano Gabriel Miró. No era fácil colegir que aquel paradigma de estilo entrecortado, desmigajado, sometido a los más tradicionales controles prosódicos, tan regulado por un orden minucioso y maniático, fuese obra de un antiguo anarquista que se asomó complacido a los higiénicos desniveles de las vanguardias.
    Ahí queda, por ejemplo, una rara obra de Azorín de la que yo fui lector tardío, Brandy, mucho brandy (1927), y que es una de las más peculiares incursiones del autor en el teatro. Se trata de una especie de “sainete sentimental” donde de pronto se hace notoria una pretensión de novedad ciertamente llamativa y donde se filtra como un tácito empeño de cómica desobediencia al canon dominante. También hay por ahí recuerdos más o menos difusos de las truncadas apetencias surrealistas del autor. Pero todo eso sólo perseveró en momentos y situaciones muy poco significativas, desplazado quizá por la supremacía implacable de la llaneza. A lo mejor lo que se entiende por incumbencia artística del estilo viene a depender de una vieja ley de las compensaciones: la que sostiene que la excesiva asepsia conduce al tedio excesivo. O dicho de otro modo: que el aburrimiento escamotea a veces la lucidez.»

miércoles, 12 de julio de 2017

La vaga ambición, de Antonio Ortuño

Antonio Ortuño
LA VAGA AMBICIÓN
Páginas de Espuma, 2017 - 120 páginas - inicio
-Ortuño y sus frases verdaderas, Enrique Vila-Matas
-Sobre la sustitución del autor por la audiencia, N.Suau
-Perseverar y sobrevivir, Antonio Solano
[exitazo]
«El correo de mi madre llegó de madrugada y no lo vi sino al volver al cuarto del hotel Paso del Norte, luego de un desayuno frío y desabrido. Me decía que Aura le había llevado su computadora a la cama del hospital, que mi esposa era una joya. Me decía que no dudara en sacar el dinero de su pequeña cuenta de banco para pagar sus facturas médicas antes que usar un centavo del mío. Me decía que se sabía condenada, que el cáncer podía resistirse por años o siglos si tus hijos te necesitan pero cuando crecen, cuando se valen por sí mismos, bajas la guardia y te devora en cosa de días. Me decía que había adelantado tres meses de renta para que tuviéramos tiempo de sacar sus cosas. Me decía que esas cosas, luego de tantas mudanzas y limpias, eran tesoros y debían ser entregados a Aura y nuestras hijas: las joyas que no le robó aquella sirvienta, sus abanicos, sus cuadros, las mascadas de seda que ella creía finas por venir de Taiwán. Sus libros podía quedármelos yo, si las niñas los tenían repetidos. Me decía que hubiera querido cuidarme, más o mejor, pero no se arrepentía de descubrir que me había vuelto hábil para sobrellevarlo. Me decía que escribió siempre y que entendía que yo lo hiciera. Que escribió siempre pero su madre, mi abuela, no quiso que estudiara, sino que se buscara un marido. Que escribió siempre pero a mi padre le parecía tan vanidoso escribir, un modo de destacar sin motivo. Motivos los tenía él, que era físico y estudiaba yoga, no mi madre y sus escritos. Me decía que los novios que tuvo luego del divorcio le festejaban la escritura, al principio, pero luego les fastidiaba, cuando se daban cuenta de que no escribía sobre ellos ni para ellos. Me decía que sus amigas le festejaban los textos como quien festeja el guiso, el bordado, la limpieza admirable de un baño. Me decía que el único editor que leyó sus cosas lo que quería era cogérsela pero fue tan listo que la hizo reescribir, releer, esperanzarse, antes que se le cayera la careta. Me decía que mi padre confesó, un día, lo que me pasó en Chapala. Me decía que le escupió. Me decía que al escribir era una reina, una reina brillante, una diosa, y que el cofre de sus textos (escritos todos a mano: la computadora era para leer el periódico, jugar solitario y escribirles a sus nietas) lo guardaría Aura para las niñas. Me decía príncipe. Me decía que leyó mi destino en los naipes una noche. Me decía que escribir era la vaga ambición de guerrear contra mil enemigos y salir vivo. Que me leyó y supo que no debió permitir que la sacaran del combate. Que escribiera contra todos, me decía, y a pesar de todos. Que no les llevara paz sino la espada. Me decía que el enemigo estaba en todas partes y aunque yo estuviera cansado, solo, rodeado, había que marchar, marchar y pelear. Que pensara en ella en la batalla. Que sabía que iba a poner los ojos en blanco al leer esa línea. Que dejara de hacerles caso a todos y de una puta vez. » (págs. 101-102)

sábado, 1 de julio de 2017

La memoria secreta de las hojas, de Hope Jahren

Hope Jahren
LA MEMORIA SECRETA DE LAS HOJAS
[Lab girl, 2016]
Trad. M. José Viejo Pérez e Ignacio Villaró Gumpert
Paidós, 2017 - 336 páginas - inicio - booktrailer
[interesante lo relativo a las plantas;  funesto el resto]
«No HAY RIESGO MÁS ATERRADOR que el que corre la raíz primigenia. Si tiene suerte, algún día llegará a encontrar agua, pero su primera tarea es la sujeción: tendrá que anclar un embrión a la tierra y terminar para siempre con su fase móvil, aunque su movilidad fuera meramente pasiva. Una vez que esa primera raíz se ha extendido, la planta no volverá a albergar la menor esperanza (aunque sea débil) de poder resituarse en un lugar menos frío, menos seco, menos peligroso. De hecho, deberá enfrentarse al frío, a la sequía y a las fauces voraces sin ninguna posibilidad de emprender la huida. La raicilla solamente tiene una oportunidad de saber lo que obtendrá en los próximos años, décadas, siglos incluso, en el suelo en el que se encuentra. De manera que evalúa la luz y la humedad del momento, revisa sus propias constantes y, literalmente, se lanza a por todas.
    Arriesga el todo por el todo cuando las primeras células (el hipocófilo) avanzan desde la cubierta de la semilla. La raíz crece hacia abajo antes de que el brote lo haga hacia arriba, y de ahí que el verde retoño no pueda generar nuevos nutrientes en el curso de los días o semanas siguientes. El juego es arriesgado, y perder conlleva la muerte. Las apuestas están a más de un millón contra uno.
    Y sin embargo, cuando gana, lo hace a lo grande. Si una raíz encuentra lo que necesita, se desarrolla en forma de raíz primaria, una sujeción que puede romper el sustrato rocoso, y que mueve durante años varios litros de agua cada día, y lo hace de una manera mucho más eficiente que cualquier bomba mecánica ideada por el hombre. De la raíz primaria salen otras raíces que se entrelazan con las de la planta que está junto a ella, y estos apéndices alertan a la planta del peligro, de la misma manera en que las neuronas se intercambian información por medio de las sinapsis. El área cubierta por este sistema radicular puede llegar a ser cien veces más grande que la de todas las hojas juntas. Si en la superficie de la tierra quedara destrozado todo, absolutamente todo, la inmensa mayoría de las plantas podría volver a crecer a partir de una raíz intacta. No una vez ni dos. Algunas más.» (págs. 73-74)

jueves, 15 de junio de 2017

El país donde florece el limonero, de Helena Atlee

Helena Attlee
El país donde florece el limonero
La historia de Italia y sus cítricos

[The Land Where Lemons Grow:
The Story of Italy and Its Citrus Fruit
, 2014]
Trad. María Belmonte
Acantilado, 2017 - 344 páginas - inicio
[a javier le ha gustado más que a mí]

«Muchos cultivos de cítricos de Sicilia y del sur de Italia se encuentran en lugares remotos y muy rurales, donde los visitantes extranjeros no son habituales y sólo se habla en dialecto. Pronto descubrí la utilidad de llevar conmigo una navaja a esos lugares, porque la mayor parte de los frutos se aferran al árbol y, a menos que cortes el tallo de la rama, corres el riesgo de desgarrar la piel del fruto. También aprendí que no hay que pelar nunca una naranja en el campo. Hay que respetar un ritual y ésa es otra razón por la que un cultivador de naranjas lleva siempre una navaja. Primero sujeta el fruto en la palma de la mano, con el tallo hacia arriba. Luego hace un corte horizontal para dividirlo exactamente por la mitad. El jugo de una naranja recién cogida es abundante, incontenible y su aroma estalla en el aire. Arroja la mitad superior al suelo sobre la crecida hierba, porque, en la naranja, el zumo y la dulzura se concentran en la parte inferior, lo más lejos posible del tallo. Luego corta una rodaja y, pinchándola con la hoja de la navaja, la ofrece por la parte sin filo. He participado en este ritual en campos de toda Italia y siempre es un momento extrañamente conmovedor; disfruto de ese instante de intimidad tanto como cuando alguien me encendía un cigarrillo. No hay nada que pueda compararse al sabor de una naranja recién cogida del árbol.»

jueves, 8 de junio de 2017

Un pintor debajo de un fregadero, de Afonso Cruz

Afonso Cruz (Figueira da Foz, 1971)
UN PINTOR DEBAJO DE UN FREGADERO
[O Pintor Debaixo do Lava-Loiças, 2015]
Trad. Teresa Matarranz
Rayo verde - 191 páginas - libro ilustrado
[surrealista]
«Lo primero que Jozef Sors dibujó fue una circunferencia, pues lo primero que se dibuja es una circunferencia. Es la forma más natural, aquella que puede contenerlo todo. Es el útero de todas las formas. Dicen que si a un hombre vendado le pidieran caminar en línea recta, andaría en círculos. ¿Por qué el hombre camina en círculos cuando cierra los ojos? Es un misterio, dicen, pero el hombre de ojos cerrados camina hacia adentro. Y el tiempo también se dobla, no anda derecho. El tiempo es como un hombre de ojos cerrados. En lo profundo todo anda en círculos, desde los recuerdos hasta las historias. Un día todo termina doblándose. Sors aún era demasiado joven para darse cuenta de que no hay líneas rectas en la naturaleza. No hay rectas perfectas. Todo es redondeado y todo anda alrededor de todo. Los hombres están cegados por las rectas: por edificios muy derechos, por reglas, por cosas que no son nada naturales. Y esas cosas son derechas solo en su apariencia, como se puede verificar en un microscopio. Pero los hombres están tan obcecados por las líneas rectas que llegan a usar la palabra derecho para las leyes, para aquello que es correcto. Lo que es correcto es recto. Así ocurre en tantas lenguas que eso prueba una tendencia común: la recta es el Bien y la curva es el Mal. Pero Sors aún era muy joven para pensar en estas cosas y dibujaba circunferencias, una tras otra. Solo más tarde fue que comenzó a dibujar rectas. Y así la infancia se fue disolviendo en el transcurso de los años y le aparecieron algunos pelos encima del labio superior.»

miércoles, 7 de junio de 2017

Canción dulce, de Leila Slimani

Leila Slimani
CANCIÓN DULCE
[Chanson douce, 2016]
Trad. Malika Embarek López
Cabaret Voltaire, 2017 - 288 páginas - inicio
[no conecté nada con este premio Goncourt]

«El bebé ha muerto. Bastaron unos pocos segundos. El médico aseguró que no había sufrido. Lo tendieron en una funda gris y cerraron la cremallera sobre el cuerpo desarticulado que flotaba entre los juguetes. La niña, en cambio, seguía viva cuando llegaron los del servicio de emergencias. Se debatió como una fiera. Había huellas de forcejeo, fragmentos de piel en sus uñitas blandas. En la ambulancia que la conducía al hospital se agitaba, presa de convulsiones. Con los ojos desorbitados, parecía buscar aire. La garganta la tenía llena de sangre. Los pulmones, perforados, y se había dado un fuerte golpe en la cabeza contra la cómoda azul. Fotografiaron la escena del crimen. Los policías recogieron huellas y midieron la superficie del cuarto de baño y del dormitorio de los niños. En el suelo, la alfombra de princesas estaba empapada en sangre. El cambiador, medio volcado. Se llevaron los juguetes en unas bolsas transparentes precintadas. La cómoda azul también servirá en el juicio. »

lunes, 5 de junio de 2017

Kafka y el holocausto, de Álvaro de la Rica

Álvaro de la Rica
KAFKA Y EL HOLOCAUSTO
Prefacio de Claudio Magris
Trotta Editorial, 2009 - 144 páginas
[Sept méditations sur Kafka, Gallimard, 2014]
"Buscar la verdad y la belleza", Isabel Núñez
"Escribir sobre Kafka parece un ejercicio
de curiosidad prohibida
"
, Á. de la Rica
[kafka forever]
«Lo curioso, en lo que se refiere a Kafka, es que la falta de independencia respecto de su familia no le impidió en absoluto retratar hasta el tuétano el problema de la dependencia. Al contrario. La prueba es que escribe, en plena crisis vital provocada por el proyecto de matrimonio, sus obras más conspicuas. Anhela dedicarse en exclusiva a escribir lejos de casa pero sabe que ese laberinto doméstico y social, el mischpoche hebraico o clan familiar que tanto le abrumaba, es el magma en el que cobran vida y se transforman sus ficciones. La guarida de la que nunca llegó a salir y a la que dedicó un relato con una importante carga alegórica. En la carta escrita desde el Báltico (antecedente a cuya luz hay que leer la Carta al padre), Kafka está dando un paso más en la lógica de la emancipación heredada de la generación de los padres y abuelos, y a la vez está proyectando una búsqueda regresiva por medio de la letra escrita de la autenticidad y el equilibrio abandonados a gran precio en el ámbito idílico del shtetl (no se olvide la influencia del actor judío Jizchak Lówy que desde 1911 le introdujo de lleno en la atmósfera espiritual del mundo hebraico oriental). En el caso concreto de En la colonia penitenciaria, el dilema vida (matrimonio) / arte (escritura) queda plasmado en el tormento de la máquina célibe, la máquina que escribe en el condenado hasta matarlo la literalidad del precepto infringido. Una traslación automática entre elementos autobiográficos y símbolos literarios no parece posible ni siquiera [...]»

Del ejemplar dedicado donado por la familia de la escritora Isabel Núñez
a la biblioteca Joan Maragall de Barcelona.

viernes, 2 de junio de 2017

La tercera persona, de Álvaro de la Rica

Álvaro de la Rica
LA TERCERA PERSONA
Ediciones Alfabia, 2012 - 104 páginas
Exlibris de Isabel Núñez
Happy Hobby Horse
[sobre las ventajas de los tríos]
«Recuerdo que todo empezó de una manera difusa. Una noche, hace pocos meses, no podía dormir. Permanecí intranquila en la cama durante horas, con los ojos abiertos y el corazón acelerado. Mientras jadeaba, cada vez de modo más angustioso y sonoro, pensaba desordenadamente en muchas cosas, hasta que de pronto me encontré a mí misma dándole vueltas a mi matrimonio. Apenas llevábamos dos años casados. Dos años que habían transcurrido sin grandes sobresaltos. Lo normal. La verdad es que ahora, mientras te escribo, me doy cuenta de que muchas de las cosas que han pasado no tenían nada de normales. Me preguntaste una vez si me casé enamorada, y te dije que creía que nunca había sentido una gran pasión, ni siquiera por mi marido. No sé si dije la verdad. No es fácil saberlo. Ahora sé que no fue una gran pasión comparada con lo que he sentido después, pero entonces me parecía el amor de mi vida. Supongo que si me casé es porque le amaba y que mentiría si te digo lo contrario. Tú sabes que odio la mentira y que la única fuerza que he tenido en todo este tiempo ha sido la transparencia. No he engañado nunca a nadie y a todos os he ido diciendo la verdad en cada momento. La verdad con el único límite de no hacer daño voluntariamente a nadie.»

miércoles, 31 de mayo de 2017

Milena, de Margarete Buber-Neumann

Margarete Buber-Neumann (1901-1989)
MILENA
[Milena, Kafkas Freundin, 1977]
Trad. María Ángeles Grau.
Tusquets, Col. Andanzas, 2017 - 272 páginas - inicio
[pesadico]
«El 21 de octubre de 1940 recibí la primera carta de Milena, una hoja arrugada que alguien metió secretamente en mi mano en el callejón del campo de concentración. Entonces nos conocíamos sólo desde hacía unos días. Pero ¿qué pueden significar unos días cuando el tiempo no transcurre en horas y minutos, sino que se cuenta con los latidos del corazón?
    Fue en el campo de concentración para mujeres de Ravensbrück donde nos encontramos. Milena había sabido de mí por una alemana que había llegado al campo en su mismo transporte. La periodista Milena Jesenská quería hablarme, quería saber si efectivamente los sóviets habían entregado a Hitler emigrantes antifascistas. Milena se acercó a mí durante el paseo de las «recién llegadas» por el estrecho camino situado entre la parte posterior de los barracones y el alto muro del campo, coronado de alambradas con cargas de alta tensión, el Muro que nos separaba de la libertad. Se presentó diciendo: «Milena, de Praga». Para ella era más importante su ciudad natal que su apellido.»

sábado, 27 de mayo de 2017

Prisionera de Stalin y de Hitler, de Margarete Buber-Neumann

Margarete Buber-Neumann (1901-1989)
PRISIONERA DE STALIN Y DE HITLER
[Als Gefangene bei Stalin und Hitler. Eine Welt im Dunkel, 1949]
Trad. Luis García Reyes y Mª José Viejo
Prólogo: Antonio Muñoz Molina
Galaxia Gutenberg, 2005 - 220 páginas
[mejor que Milena]

«En los años previos a la Segunda Guerra Mundial, un gran número de personas de ideología comunista volvió los ojos hacia la Unión Soviética, baluarte de lo que amaban y defendían. Pero una vez allí, a menudo fueron acusados de espionaje o contrarrevolución y enviados a los campos de trabajo de Siberia. Es el caso de Margarete Buber-Neumann, esposa de un miembro del Partido Comunista alemán que huyó a la URSS, donde en 1937 fue arrestado y donde su mujer le vio por última vez. Un año más tarde comenzaría el calvario de la propia Margerete, condenada a cinco años en campos de trabajo. De Siberia fue trasladada al campo de concentración nazi de Ravensbrück, ya en su propia tierra, pero no por eso menos cruel ni humillante.»


lunes, 15 de mayo de 2017

Vidas imaginarias, de Marcel Schwob

Marcel Schwob (1867 - 1905)
VIDAS IMAGINARIAS
[Vies imaginaires, 1896]
Trad. Antonio Álvarez de la Rosa
Alianza, 2017 - 164 páginas - personajes
[high level]

Dice Enrique Vila-Matas en su relectura MARCEL SCHWOB HACIA SAMOA:
«Su libro más influyente, el que más caminos abrió, fue Vidas imaginarias, donde utilizaba personajes reales de la historia como Eróstrato, Lucrecio, Petronio, para componer unas biografías alucinantes, mezcla de erudición y anécdotas de tipo extraordinario. Borges las tomó como modelo para su Historia universal de la infamia, donde los protagonistas son reales, pero los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos.
    Borges tomó de esas vidas imaginarias de Schwob la idea de que tanto el conocimiento como la imaginación sirven como caminos para acceder a una persona, ya que las biografías no dejan de ser mezclas de los datos reales con los ficticios. De hecho, según él mismo contó, para escribir Historia universal de la infamia se dedicó antes a leer vidas de personas conocidas y a deformarlas después según su capricho. No fue, en todo caso, pionero de este tipo de actividades, pues desfigurar vidas con capricho es operación ya antigua en las letras. Una “vida imaginaria” anterior a Schwob y Borges, sería, por poner un ejemplo poco conocido, Memorias de la vida y familia del difunto y Reverendo Mr. Laurence Sterne, libro de recuerdos que pasó por ser del autor del Tristram Shandy, pero que contenía demasiadas imprecisiones y errores de bulto como para creer que alguien como Sterne, de quien se sabía que tenía una gran memoria personal, hubiera podido escribirlo.»

domingo, 7 de mayo de 2017

Juegos reunidos, de Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez
JUEGOS REUNIDOS
Libros del Asteroide, 2016
320 páginas - inicio
[fofo a morir]
«Por llevar aquí toda mi vida tiendo a creer que conozco Barcelona, pero más allá del Ensanche me armo unos líos tremendos, y mi orientación es la de un niño de siete años. Tengo un mapa mental establecido en la infancia que poco se corresponde con la realidad, y sigo pensando en los barrios como reinos lejanos e independientes, a la manera de los que aparecen en los créditos de Juego de tronos, como si varias leguas a caballo separasen el condado del Carmelo de las tierras altas de Horta, y por eso me quedé atónito cuando, en vez de doblar hacia la izquierda, que era donde nos esperaba la parada de autobús, comienzo y final de línea, Pepita propuso girar hacia la derecha, hacia el este, porque el recodo le parecía más atrayente, y al final de la cuesta, como en un acto de magia, aparecimos en la cúspide del mismísimo paseo de Font d’en Fargas que, ahora puedo decirlo, enlaza las tierras altas con el condado.
    Sentí una alegría tan intensa que se me disparó el corazón. »

viernes, 5 de mayo de 2017

Apegos feroces, de Vivian Gornick

Vivian Gornick
APEGOS FEROCES
[Fierce Attachments: A Memoir, 2015]
Trad. Daniel Ramos Sánchez
Sexto Piso, 2017
Páginas: 224
[curioso]
«Pero paseamos por las calles de Nueva York juntas continuamente. Ahora ambas vivimos en el Lower Manhattan, nuestros apartamentos están a kilómetro y medio de distancia y, cuando nos visitamos, lo hacemos a pie. Mi madre es una campesina urbana y yo soy la hija de mi madre. La ciudad es nuestro elemento natural. Las dos tenemos aventuras a diario con conductores de autobús, mendigas que arrastran carritos, acomodadores y locos callejeros. Pasear saca lo mejor de nosotras. Yo ahora tengo cuarenta y cinco años y mi madre, setenta y siete. Está fuerte y sana. Recorre la isla conmigo sin dificultad. Durante estos paseos no nos queremos, sino que a menudo rabiamos una contra la otra, pero de todas formas paseamos.
    Nuestros mejores momentos juntas son cuando hablamos del pasado. Yo le digo: "Mamá, ¿te acuerdas de la señora Kornfeld? Cuéntame esa historia otra vez", y ella se recrea contándomela de nuevo. Lo único que odia es el presente: en cuanto el presente se hace pasado, comienza a amarlo inmediatamente. Cada vez que cuenta la historia, es la misma y también es completamente distinta, porque cada vez que la oigo soy más mayor y se me ocurren preguntas que no le hice la última vez.» [más]

domingo, 30 de abril de 2017

Argelagues, de Gemma Ruiz

Gemma Ruiz
ARGELAGUES
Proa, 2016. Col. A TOT VENT
352 pàgines - inici
Si nosaltres no valem res!’, em deia la meva besàvia” [història, llenguatge i autora superpotents]
«Que el món és partit per dos la Remei ho sap del néixer. Rics i pobres. Amos i terregada. Bonafès i malànimes. Cabals i ximples. Agraciats i esguerrats. I que Castellterçol no se n’escapa també ho sap. Una cosa és el poble. L’altra, les masies. Ningú es confon. Ningú es barreja. O ets dels uns, o ets dels altres. I feta queda la ratlla [...] De tan pobra que ni amigues no té, la Remei. I la Filomena li fa una mica el fet. Una bona mossa, la filla de La Ginebreda. És l’única casa que la Remei veu des de ca seva, Les Canals. Era una masia a punt d’anar a terra, quan els pares l’hi van llogar a l’Oller, l’amo de tot. Per tenir un mig sostre i poder-se casar. Però misèria i companyia, Les Canals. Només té sol. D’això sí, per donar i per vendre. Llàstima que del sol no se’n pugui tirar cap tros a l’olla. La Remei s’estimaria més l’obaga de La Ginebreda. Si això volgués dir el seu cal- çat i el seu tiberi, oi tant. Allà poden tenir tall i sabates per les poues de glaç, aquelles gàbies que empresonen glaçada l’aigua més dolça i més neta de les rieres. I que tan bon servei fa als senyors de Barcelona.»

sábado, 22 de abril de 2017

La invención de la naturaleza, Andrea Wulf

Andrea Wulf
LA INVENCIÓN DE LA NATURALEZA
EL NUEVO MUNDO DE ALEXANDER
VON HUMBOLDT
[The Invention of Nature : Alexander von Humboldt´s New World, Doubleday 2016]
Trad. María Luisa Rodríguez Tapia
Ed. Taurus, 2016 - 578 páginas - inicio
[impresionante]
«Humboldt era diferente a cualquier otra persona porque era capaz de recordar hasta los más mínimos detalles durante años: la forma de una hoja, el color de un suelo, una temperatura, los estratos de una roca. Su extraordinaria memoria le permitía comparar las observaciones que había hecho por todo el mundo con décadas y miles de kilómetros de distancia por en medio. Podía «recorrer toda la cadena de fenómenos en el mundo al mismo tiempo», dijo años después un colega. Mientras que otros tenían que rebuscar en su memoria, Humboldt —«cuyos ojos son telescopios y microscopios naturales», dijo el escritor y poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson con admiración— tenía cada dato de conocimiento y observación a mano en cuestión de un instante.
    De pie en el Chimborazo, exhausto tras la ascensión, Humboldt absorbió la vista. Las zonas de vegetación se apilaban una sobre otra. En los valles había pasado junto a palmeras y húmedos bosques de bambú en los que las orquídeas llenas de color se aferraban a los árboles. Más arriba había visto coníferas, robles, alisos y arbustos de agracejos como los que conocía de los bosques europeos. Después estaban las plantas alpinas, similares a las que había recogido en las montañas de Suiza, y los líquenes que le recordaban a especímenes del círculo polar y Laponia. Nadie había estudiado las plantas así hasta entonces. Humboldt no las veía dentro de estrictas categorías de una clasificación, sino como tipos en función de la situación y el clima. Era un hombre para el que la naturaleza era una fuerza global con zonas climáticas correspondientes en todos los continentes: un concepto radical para su época y que todavía inspira nuestra interpretación de los ecosistemas.»

martes, 18 de abril de 2017

A través de la noche, Stig Sæterbakken

Stig Saeterbakken (1966 – 2012)
A TRAVÉS DE LA NOCHE
[Gjennom natten, 2011]
Trad. Cristina Gómez-Baggethun y Oyvind Fossan
Ed. Mármara, 2017 - 296 páginas
[chasco]
«PUTA MIERDA DE LOS COJONES
La tristeza llega de muchas formas distintas. Es como una luz intermitente que se apaga y se enciende. Está ahí y es insoportable, porque es imposible tenerla ahí todo el tiempo. Te llena y te vacía. Mil veces al día se me olvidaba que Ole-Jakob había muerto. Mil veces al día, de pronto, lo recordaba. Y ambas cosas me resultaban insoportables. Olvidarlo era lo peor que podía hacer. Acordarme de él era lo peor que podía hacer. Era una sensación de frío que iba y venía, pero nunca de calor. Solo había frío y ausencia de frío. Era como estar de espaldas al mar. Se me helaban los talones cada vez que una ola rompía sobre ellos. Luego la ola se retiraba. Luego volvía.»

domingo, 16 de abril de 2017

El duelo es esa cosa con alas, de Max Porter

Max Porter
EL DUELO ES ESA COSA CON ALAS
[Grief is the Thing with Feathers, 2015]
Trad. de Milo Krmpotic
Rata Books, 2016 - 144 páginas
[decepción]
«NIÑOS
Papá y Cuervo se estaban peleando
en el salón. Con la puerta cerrada.
Había un zumbido grave cávera escrá,
un crascitar, cávera escrá y papá diciendo
Para ya, Para ya, un crascitar, un
crascitar, y expectoraciones, arcadas,
escupitajos, palabrotas, gruñidos,
aullidos, sollozos, una extraña amalgama
de sonidos paternos resquebrajados
y violentos cantos de pájaro, y golpes
y chillidos y cosas que se rompían
con violencia.

Cuervo emergió aturdido, con los ojos
muy abiertos. Cerró cuidadosamente
la puerta a sus espaldas y se sentó
con nosotros a la mesa de la cocina.

Nos dedicamos a colorear dibujos
de animales con los rotuladores y Cuervo
no dejaba de salirse de la raya».»

miércoles, 12 de abril de 2017

Manual de exilio, de Velibor Čolić

Velibor Čolić
MANUAL DE EXILIO
Cómo aprobar su exilio en treinta y cinco lecciones
[Manuel d'exil, comment réussir son exil en
trente-cinq leçons
, Gallimard, 2016]
Trad. Laura Salas Rodríguez
Ed. Periférica, 2017 - 240 páginas - inicio
[a marta le gustó]
«Tengo veintiocho años y llego a Rennes con tres palabras de francés por todo equipaje: Jean, Paul y Sartre. También llevo mi cartilla militar, cincuenta Deutsche Mark, un boli y una gran bolsa de deporte desgastada, color verde aceituna, de marca yugoslava. Su contenido es escaso: un manuscrito, algunos calcetines, un jabón deforme (parece una rana muerta), una foto de Emily Dickinson, una camisa y media (para mí, una camisa de manga corta sólo cuenta como media camisa), un rosario, dos postales de Zagreb (sin usar) y un cepillo de dientes. Estamos a finales del verano de 1992, pero voy vestido como para una expedición polar: dos chaquetas pasadas de moda, una bufanda larga, y en los pies las botas de ante, dadas de sí, tras sufrir diez mil mordiscos de la lluvia y el viento. Soy un caballero liviano, un viajero de rostro marcado por un frío metafísico, el último grado de la soledad, del cansancio y de la tristeza. Sin emociones, sin miedo ni vergüenza. Murmuro una queja estúpida e infantil, a sabiendas de que las palabras no pueden borrar nada, de que mi lengua ya no significa nada, de que estoy lejos, y de que ese “lejos” se ha convertido en mi patria y mi destino.»

sábado, 8 de abril de 2017

¡DAHA!, de Hakan Günday

Hakan Günday
¡DAHA!
Si mi padre no fuera un asesino, yo estaría muerto
[Daha, 2013]
Trad. Guillem Serrahima. Prólogo de Francesc Serés
Ed. Catedral, 2017 - 428 páginas
"Es imposible escribir nada más violento que un telediario"
[impactante]
«La diferencia entre Oriente y Occidente es Turquía. No sé si es el resultado de su sustracción, pero estoy seguro de que la distancia que los separa es tan grande como ella. Nosotros vivíamos allí, en un país donde los políticos repetían todos los días en la televisión la importancia de la geopolítica. Al principio, no sabía muy bien cómo interpretarlo. ¿Quería decir que nuestro país era como un edificio deteriorado ante el cual se paraba un tenebroso autobús en plena noche con faros que deslumbraban? ¿Que se trata de un enorme puente de 1.565 kilómetros de largo sobre el Bósforo? Un puente gigante impuesto a los habitantes del país. Un viejo puente entre el Oriente descalzo y el Occidente bien calzado, por el que pasa todo lo ilegal. Todo aquello me inquietaba. Sobre todo, aquellas personas a las que se llama clandestinos... Hacíamos lo posible para que no se nos atragantaran. Tragábamos saliva y expedíamos el contingente... Comercio de una frontera a la otra... De un muro al otro... Desde luego, el resto del mundo no se quedaba de brazos cruzados, sino que les creaban todo tipo de problemas para entorpecer su carrera precipitada entre su tierra natal y la tierra en la que iban a morir. Se les arruinaba la vida con problemas de medidas, de peso, de edad... mientras nosotros nos encargábamos de resolver los problemas de longitud y latitud. Llevábamos a esa gente del infierno al paraíso. Yo no creo ni en lo uno ni en lo otro. Pero esa gente era particularmente crédula. ¡En ellos, la creencia era innata! Su razonamiento era el siguiente: si existe un infierno desgarrado por la guerra y donde se muere de hambre, hay, necesariamente, un paraíso. Se equivocaban. Los habían engañado. ¡El hecho de que haya un infierno no prueba que haya un paraíso! Aun así, les podía entender. Era lo que les enseñaban, como a todo el mundo... Se lo habían escrito en una pizarra y les habían obligado a aprendérselo de memoria. La pizarra exhibía el combate del bien y del mal, del infierno y del paraíso. Sin embargo, nunca existió tal combate. La encarnizada guerra entre el bien y el mal, que supuestamente tiene que durar hasta el día del juicio final, es el fraude más grande al que se ha librado la humanidad.»

miércoles, 5 de abril de 2017

La vegetariana, de Han Kang

Han Kang
LA VEGETARIANA
[The Vegetarian: A Novel, Portobello Books, 2015]
Trad. Sunne Yoon
Prólogo de Gabi Martínez
Rata Books, 2017
240 páginas
[inquietante]

«Hacer preguntas, eso es para mí escribir. No escribo respuestas, simplemente me afano por redondear las preguntas, trato de permanecer mucho tiempo dentro de ellas. De rodillas, arrastrándome otras veces, espero llegar hasta el final, hasta el centro (aunque sea imposible). Esta novela es también una pregunta imposible. Hay una mujer, un ser humano que ya no quiere formar parte de la humanidad. Un ser que pone en juego su vida para no dañara nadie ni a nada, un sera quien un día deja de importarle en absoluto vivir o morir. Simplemente quise preguntar si una mujer así se quedara en silencio, y llevara a cabo su decisión, qué es lo que pasaría; con qué se encontraría al final del camino.»

domingo, 2 de abril de 2017

Regreso a la tierra, de Jim Harrison

Jim Harrison (1937-2016)
REGRESO A LA TIERRA
[Returning to Earth, 2007]
Trad. Esther Roig
RBA, 2009
"El dolor de no entender la Historia es evidente en América", Andrea Aguilar.
[apasionante]

«Así que subí a las dunas como pude, porque ya no estaba muy fuerte. Llegué a una cresta y la pase antes de descend a una concavidad de arena de un kilómetro y medio de ancho aproximadamente. En medio de la concavidad se extendía el bosquecillo de abedules y álamos. Me dije que aquel lugar estaba igual que en la época del primer Clarence. A lo mejor soy el, pensé, que es una cosa bien rara de pensar. Tenía un pañuelo y me sequé el sudor de los ojos, sintiéndome afortunado porque no había moscas en las dunas. A lo lejos, al noroeste, podía ver un oso solitario comiendo bayas y fresones silvestres en una ladera verde. No me daba miedo, aunque estuviera cerca del bosquecillo de abedules, porque no tenía oseznos. Es la hembra la que se pone intratable cuando tiene crías. Bueno, me llevo casi media hora llegar al bosquecillo, porque los músculos me fallaban y a veces me arrastraba, que era más fácil y más rapado. Me adentré en el bosquecillo y me subí a una enorme rama baja de abedul tal y como David me enseñó, echado boca arriba, de manera que la ligera brisa del lago Superior te meza suavemente. Era lo que quería. Fue una especie de milagro, porque no soplaba brisa hasta que me subí a la rama y mi cuerpo se calmó. Unos minutos después, en el mundo no existía ni exterior ni interior, no sé si me explico. Mi cuerpo enfermo desapareció pura y simplemente, al menos un raro, y después me dormí. En aquel lugar habitaba un espíritu que aportó un poco de paz a mi cuerpo. Puede que sólo fuera porque se levantó un viento que me meció como me había mecido mi madre en el balancín. Tenía los ojos cerrados, pero empecé a ver cosas, como en Canadá. cuando pasé tres días en la montaña. Mi cabeza engendró la visión de los osos con enormes alas de los que me había hablado la anciana en aquella barca con Flower. La cara de uno se parecía un poco a la mía. Me pregunté cómo se podían ver cosas con los ojos cerrados [Donald quiere una respuesta inmediata a esto, pero tendré que preguntar al neurólogo. Cynthia.] Por supuesto, cuando muera, tarde o temprano, y dejen de funcionarme los ojos, me pregunto cuánto tiempo seguiré viendo cosas y qué veré. A mi me parece una pregunta normal. Si tenemos un espíritu, ¿cómo y qué ve? Alrededor de los osos había cuervos, que siempre siguen a los osos para aprovechar su comida. Aquí también siguen a los lobos. Estuve allí un buen rato y, cuando por fin abrí los ojos, K estaba sentado con la espalda apoyada en el árbol, fumando un cigarrillo.
    —¿Cómo me has encontrado? —pregunté.
  —Anoche llovió un poquito y tú dejas un buen rastro, sobre todo cuando te arrastras.
    K me ayudó y no fue tan difícil volver al lago, aunque supe que nunca podría volver a hacerlo solo.» (págs. 24-25)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Me acuerdo, de Joe Brainard

Joe Brainard
ME ACUERDO
[I Remember, 1970]
Trad. de Julia Osuna Aguilar
Sexto Piso, 2009
150 páginas
[delicious]

«Me acuerdo de cuando me llamaron al servicio militar y tuve que ir al centro a hacerme el reconocimiento psíquico. Era muy temprano. Me comí un huevo para desayunar y noté cómo se asentaba en mi estómago. Después de pasar lista me mandaron ponerme en una fila distinta a la que estaba la mayoría de los chicos. (Llevaba el pelo muy largo, cosa que por entonces era más rara que ahora.) La fila en la que estaba resultó ser la fila para ver al médico de la cabeza. (De todas formas, iba a pedir verlo.) El médico me preguntó si era gay y le respondí que sí. Después me preguntó que qué experiencias homosexuales había tenido y le dije que ninguna. (Era verdad.) Y me creyó. No tuve ni que quitarme la ropa.» [más]