miércoles, 17 de enero de 2018

Diario de 1926, de Robert Walser


Robert Walser
DIARIO DE 1926
[das tagebuch-Fragment von 1926. Zarte Zeilen]
Trad. Juan de Sola Llovet
La Uña Rota, 2013 - 80 págs. - (bibl. vila de gràcia)
[Walser por Walser]
«Encontrar una habitación, esto es, la búsqueda de un espacio, un atelier de creación, que al mismo tiempo sea un lugar indicado para contener el sueño, ha sido para mí desde siempre, ruego ancarecidamente que se tenga en cuenta, una forma inmejorable de salir a dar un paseo y darle al cuerpo una algría al aire libre. Hoy casi me asombro cuando compruebo que mi buena salud es una realidad, sin que ello signifique que pretendo jactarme lo más mínimo de mi bienestar físico, lo cual no me parecería de buen tono. De todos modos, me doy las gracias a mí y al Dios que está encima de nosotros, pero me acuso de indolencia y de vacilación, que a mí me parece francamente ridícula, con respecto a las explicaciones que he prometido dar, cuando se me ha ocurrido mencionar un librito que contenía la historia de un orfebre y de su ayudante. De hecho, por espacio aproximado de un año, adquirí la costumbre, sumamente curiosa y en realidad un poco extraña, de leer primero y estudiar estos libritos con ahinco, e inmediatamente después y en segundo lugar, sonsacar de todo lo leído una historia propia, esto es, algo gracioso, divertido, egoista, placentero y juguetón, circustancia, ésta, que puede haber sido y hasta constituido una curiosidad literaria y sobre la cual parece que debo sin duda ofrecer información más detallada. Porque la cuestión de ir arrancando y desplumando de creaciones ajenas los motivos para escribir, como he hecho yo, muy a mi pesar, de vez en cuando, ha suscitado, como es de suponer, un gran revuelo.» (págs. 29-30)

Patricio Pron dixit: «A ese último período se remonta este Diario de 1926, que no es precisamente un diario, que tal vez no fue escrito en 1926 y que carece de tema. Vale decir: en este libro se habla de una cierta Erna, de la viuda que alguna vez le alquiló una habitación en su casa a Walser, de un compañero de colegio del escritor, de una visita que éste hizo al fisco, etcétera, pero el verdadero tema de este Diario de 1926 (si tiene alguno) es la imposibilidad de una literatura sin autor. A lo largo del libro, Walser se pregunta qué se dirá de él, si se lo considerará "frívolo o superficial" (8), se detiene ante "una duda nada desdeñable" (13) y dice encontrarse "en un mar de dudas" (22), no se "atreve" (14), habla de "obstáculos" (20), se detiene a evaluar lo que ha escrito, se pregunta "cómo decirlo" (11), considera posible fracasar en su objetivo y eso lo hace "temblar de desprecio" hacia sí mismo (20), sostiene que su obra está llena de "falsedades" (34), le atribuye "chapucería o elaboración romántica" excesiva (67), vuelve "a empezar" (46), se pregunta si debe "seguir adelante" (56), se echa en cara su "inseguridad" e "irresolución" (70), renuncia a la intención y al esfuerzo (75).»

miércoles, 10 de enero de 2018

Asimetría, de Adam Zagajewski

Adam Zagajewski
ASIMETRIA
[Asymetria, ¿?]
Trad. Xavier Farré
Acantilado, 2017 - 80 págs. - inicio
- Discurso entrega PPA2017
- Más poemas
[la poesía es un arma cargada de presente]
VERANO DEL 95
«Fue aquel verano en el Mediterráneo, ¿lo recuerdas?,
cerca de Toulon, un verano seco, fascinado de sí mismo,
que hablaba en un dialecto difícil de captar,
y sólo entendíamos retazos de palabras saladas,
un verano de una luz sesgada de la tarde, de pálidas
manchas nocturnas de las estrellas, cuando amainaba
el bullicio de innumerables conversaciones insignificantes
y el silencio esperaba a que se oyera un pájaro soñoliento,
un verano en la explosión diaria del mediodía, cuando incluso
las cigarras desfallecían, un verano cuando el agua azul
se abría hospitalaria, tan hospitalaria que olvidamos
por completo las ánforas que descansaban
en el fondo del mar hacia miles de años, en la oscuridad,
en soledad; fue aquel verano, ¿lo recuerdas?
cuando reían las hojas siempre verdes del ligustro,
fue en julio cuando nos hicimos amigos
de aquel gato negro tan joven,
que nos pareció tan inteligente,
fue el mismo verano cuando en Srebrenica
mataban a hombres y a muchachos;
y allí se sucedían innumerables disparos secos
y seguramente también un calor sofocante y polvo,
y las cigarras estaban muertas de miedo.» (pág. 14)

viernes, 5 de enero de 2018

Tiempo de cine


A Ghost Story. David Lowery, 2017 (IMDb 6,9) [fantasmagórica]

Blade Runner 2049. Denis Villeneuve, 2017 (IMDb 8,3) [espectacular y previsible]

El arte de la amistad (Final Portrait). Stanley Tucci, 2017 (IMDb 6,5) [me salí]

En realidad, nunca estuviste aquí (You Were Never Really Here). Lynne Ramsay, 2017 (IMDb 7,4) [enfática]

El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer). Yorgos Lanthimos, 2017 (IMDb 7,3) [también me salí]

El sentido de un final (The Sense of an Ending). Ritesh Batra, 2017 (IMDb 6,3) [boring]

Estiu 1993 (Summer 1993). Carla Simón, 2017 (IMDb 7,4) [exquisita]

La librería (The Bookshop). Isabel Coixet, 2017 (IMDb 6,4) [correcta]

Molly's Game. Aaron Sorkin, 2017 (IMDb 7,7) [sobra el padre]

Muchos hijos, un mono y un castillo. Gustavo Salmerón, 2017 (IMDb 7,8) [imbatible]

Olvídate de Nick (Forget About Nick). Margarthe von Trotta, 2017 (IMDb 5,3) [extraña]

The Disaster Artist. James Franco, 2017 (IMDb 8,0) [pesadica]

Tierra de Dios (God's Own Country). Francis Lee, 2017 (IMDb 7,8) [descarnada]

Wonder Wheel (La noria de Coney Island). Woody Allen, 2017 (IMDb 6,3) [impostada]


miércoles, 3 de enero de 2018

El ojo castaño de nuestro amor, Mircea Cărtărescu

Mircea Cărtărescu
EL OJO CASTAÑO DE NUESTRO AMOR
[Ochiul căprui al dragostei noastre, 2015]
Trad. Marian Ochoa de Eribe
Impedimenta, 2016 - 208 págs. - inicio
JotDown - El Confidencial - bibl. vila de gràcia
[inolvidable]
«HACE EXACTAMENTE DOS MIL AÑOS, ocho años después de un incidente en Judea del que no oiría hablar jamás, el poeta más importante de Roma, a Publius Ovidius Naso, el discípulo de Virgilio, se le comunicó que, por orden del emperador Augusto, tenía que dejar familia y amigos, la ciudad y la gloria, para hundirse en un escondrijo en los confines del mundo, del Limes Scythicus. Era el año que había terminado su Metamorfosis, con la que esperaba, a la edad de sesenta y cinco años, la consagración definitiva. Nunca sabremos qué fue aquel "carmen et error" que cambió su vida. El hecho es que el poema Ars amatoria, por el que Roma lo había amado en su juventud, era considerado ahora obsceno y pernicioso para las costumbres [...] Por las noches, bajo unas constelacioes distintas de las que veía en su juventud en el cielo de Roma, Ovidiu velaba hasta el amanecer, atormentado por el frío y la nostalgia. ¿Quién ha pagado por estas desdichas y quién va a recompensar alguna vez el sufrimiento de este anciano expulsado entre los hielos? ¿Quién pagará alguna vez por todos los poetas del mundo, sumidos en la miseria y la locura, exiliados en todas las épocas y en todos los imperios, al margen del mundo habitado?
    [...] Devorado por el salitre y la intemperie, Ovidiu contempla, con ojos ciegos, el mar. Los imperios se han hundido y los todopoderosos reyes han sido olvidados, pero Ovidiu, metamorfoseado en hombre de bronce sobre el pedestal, vive todavía desde hace dos milenios. ¿Vivirá cincuenta años más? ¿Cien más? ¿Se pronunciará su nombre en este mundo al cabo de otro milenio? ¿Se leerán aún sus Fastos dentro de un millón de años, dentro de un billón? Después de que el sol se apague y la galaxia se desintegre y se produzca la muerte térmica del universo infinito, ¿volverá a recitar alguien siquiera dos versos, con ritmo elegíaco, sobre los rizos de las damas elegantes y sus cajitas de marfil con afeites? Por supuesto que sí, por supuesto que sí. Puesto que han brillado en otra época, brillarán siempre, más allá del mundo físico y de su terrible destino, en un espacio distinto al del polvo y el olvido. Pues como dijo Mallarmé, "el mundo solo existe para llegar a un libro".» (de PONTUS AXEINOS, págs. 64-68)

sábado, 30 de diciembre de 2017

Libros de 2017

    Cartel de Fernando Vicente para la Feria del libro de Madrid 2015
    Del cartel de Fernando
    Vicente para la FLM'2015
  1. Els homes i els dies, de David Vilaseca
  2. Signor Hoffman, de Eduardo Halfon
  3. Los náufragos de las Auckland, de François E. Raynal
  4. El futuro es vegetal, de Stefano Mancuso
  5. Japón perdido, de Alex Kerr
  6. Indian Creek, de Pete Fromm
  7. Fugas, de James Rhodes
  8. Los senderos del mar, de María Belmonte
  9. Prohibido nacer, de Trevor Noah
  10. Escrito en el jardín, de Xuan Bello
  11. El Parc, de Sergei Dovlatov
  12. Monasterio, de Eduardo Halfon
  13. El cuerpo en que nací, de Guadalupe Nettel
  14. Montañas tras las montañas, de Tracy Kidder
  15. L’últim llibre, de Sergi Pàmies
  16. La novela luminosa, de Mario Levrero
  17. Conversaciones, Jaime Gil de Biedma
  18. La mirada de los peces, de Sergio del Molino
  19. Animal doméstico, de Mario Hinojos
  20. Veo una voz, de Oliver Sacks
  21. Diarios del Sáhara, de Sanmao
  22. De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami
  23. Fabia Linde, de Azorín
  24. Examen de ingenios, de José Manuel Caballero Bonald
  25. La vaga ambición, de Antonio Ortuño
  26. La memoria secreta de las hojas, de Hope Jahren
  27. El país donde florece el limonero, de Helena Atlee
  28. Un pintor debajo de un fregadero, de Afonso Cruz
  29. Canción dulce, de Leila Slimani
  30. Kafka y el holocausto, de Álvaro de la Rica
  31. La tercera persona, de Álvaro de la Rica
  32. Milena, de Margarete Buber-Neumann
  33. Prisionera de Stalin y de Hitler, de M. Buber-Neumann
  34. Animal Doméstico, de Mario Hinojos, edición intervenida por el autor
    Animal doméstico,
    una de las mejores
    sorpresas de 2017
  35. Vidas imaginarias, de Marcel Schwob
  36. Juegos reunidos, de Marcos Ordóñez
  37. Apegos feroces, de Vivian Gornick
  38. Argelagues, de Gemma Ruiz
  39. La invención de la naturaleza, Andrea Wulf
  40. A través de la noche, Stig Sæterbakken
  41. El duelo es esa cosa con alas, de Max Porter
  42. Manual de exilio, de Velibor Čolić
  43. ¡DAHA!, de Hakan Günday
  44. La vegetariana, de Han Kang
  45. Regreso a la tierra, de Jim Harrison
  46. Me acuerdo, de Joe Brainard
  47. El domingo de las Madres, de Graham Swift
  48. El regreso, de Hisham Matar
  49. El delirio blanco, de Jacek Hugo-Bader
  50. Diario de Oaxaca, de Oliver Sacks
  51. El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises, Kevin Birmingham
  52. Mi madre, de Tahar Ben Jelloun
  53. Mac y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas
  54. El uso de las ruinas, de Jean-Yves Jouannais
  55. Un padre extranjero, de Eduardo Berti
  56. La pequeña comunista que no sonreía nunca, de Lola Lafon
  57. La casa del lago, de Thomas Harding
  58. Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit
  59. La vida cotidiana del dibujante underground, Nazario y Ocaña
  60. Biografía del fracaso, de Luis Antonio de Villena
  61. Ciudad en llamas, de Garth Risk Hallberg
  62. LTI (Lingua Tertii Imperii), de Víctor Klemperer
  63. El hijo, de Philipp Meyer
  64. Los reinos de papel, de Jesús Marchamalo
  65. Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices, de Ricardo Piglia
  66. Musa, de Jonathan Galassi

jueves, 28 de diciembre de 2017

Els homes i els dies, de David Vilaseca (i 5, inmortalitat)

David Vilaseca (Barcelona 1964-Londres 2010)
ELS HOMES I ELS DIES
Obra narrativa completa
l'altra editorial, 2017 - Pàgines: 752 - inicio
«Dilluns, 30 de novembre del 2009. — [...] Fa uns dies apropiadament grisos i humits. Ahir torno a la National Gallery. Sempre que entro a la National Gallery després d'una temporada llarga penso com he pogut passar tant de temps sense anar-hi. Ah, la pau que se sent deambulant per les amples galeries, de sostres alts i parets envellutades, d'aquest museu incomparable —prou gran i amb una representació prou exquisida i àmplia de la pintura occidental perquè el nostre desig s'hi mantingui viu i pugui descobrir-hi sempre alguna cosa de nou, i al mateix temps prou contingut i assequible perquè no s'hi perdi del tot... Ah els vells amics de sempre (la Venus de Velázquez, l'Al·legoria amb Cupido de Bronzino, els Ambaixadors de Holbein, que veig al fons d'una de les sales, amb una concurrència massa gran per apropar-m'hi jo aquesta vegada...), com us havia trobat a faltar! Pot ser que fóssiu sempre aquí, a dues passes com qui diu del carrer, i no m'hagués vagat de passar-vos a veure més sovint?
    Per a mi, que no sóc persona de misses ni de passar estona a les esglésies, visitar un museu com aquest és la cosa més propera que hi deu haver a una experiència de tipus religiós. Em poso davant d'un quadre relaxat del tot, deixant que el meu centre de gravetat, com aquell qui diu, vagi caient a poc a poc per efecte de la contemplació, i sento una comunió inexplicable amb mi mateix i amb alguna cosa d'universal que el pintor devia voler expressar encara que fos centenars d'anys enrere i a milers de quilòmetres d'aquí. Davant d'aquesta cosa universal la meva contingència particular sembla tan poc important, tan irrellevant. Les dècades aniran passant —penso— jo m'aniré fent vell i algun dia ja no podré venir més a veure'ls, però això no importa perquè aquests quadres continuaran aquí, expressant-me a mi mateix millor del que jo vaig arribar a poder fer mai en persona.» (pág. 732)

amb la mare - el llibre en facebook - diàlegs QueerDavid en Offlletra

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Els homes i els dies, de David Vilaseca (4, soledat)

Diumenge, 30 d'agost del 2009. — [...] Avui he estat tot el dia baquetejat, físicament i emocionalment. Al mig dia, sense saber d'on venia ni per què, m'he fet un fart de plorar. El cas és que sortir de nit ahir em va remoure una pila de records: records del Mazal, del Marcelo, records de fa gairebé dues dècades (a la meva vida "de gairebé tot ja fa vint anys", que deia Gil de Biedma) quan un dels nois que ballava al pòdium sense samarreta i que tenia la pista pendent del botó dels pantalons era jo... Això ara naturalment no és així. Ara vaig d'una banda a l'altra de la discoteca i a ningú l'interessa ni poc ni gaire si vaig o torno, si em poso la samarreta o me la trec. Sóc un quarentó invisible i insignificant; com a màxim sóc un més dels cossos "de farciment" l'única funció dels quals en aquest tipus de locals rau a fer ressaltar encara més la radiant bellesa dels més joves... Naturalment, els que ara m'envolten no saben res del temps on tot es repeteix, on tot retorna eternament. No saben res de la felicitat que jo, aquesta carrossa devastada que em trobo pels miralls i a qui amb prou feines reconec, havia experimentat no fa pas tant —què són quinze o vint anys, quan a mi em sembla que era ahir! Pobre David, tu que havies fet tronar i ploure, tu que, ensenyant la goma dels calçotets (o la galta del cul quan, per provocar encara més, no te'n posaves...) tenies tos els homes de la pista al palmell de la ma... Pobre, pobre David!

    I tanmateix hi ha una cosa de profundament certa en la posició en què em trobo ara —com si en el fons aquesta hagués estat la posició en què he estat sempre, la qual la meva edat no haguès fet sinó accentuar. Ballo sol pels racons d'una pista plena a vessar d'homes que, bàsicament m'ignoren i sembla que en aquesta posició hi reconec una íntima veritat sobre mi mateix. Tos els homes que vaig rebutjar al llarg dels anys —el Lester, l'Stuart, el Thannos, a qui vaig veure a la festa d'ahir i amb els quals vaig creuar amablement unes paraules— ara tenen parelles amb qui porten ja una pila d'anys... L'únic que continua sol sóc jo. Sol i, ara, ja vell, però al capdavall potser sol des del dia mateix en què em vaig haver de separar de la meva mare, l'amor de la qual m'omplia tant, era tan incondicional, confortador i exclusiu, que ningú que després s'hagués volgut apropar a mi hauria pogut mai substituir-la.» (pàgs. 679-680)

David Vilaseca, ELS HOMES I ELS DIES, l'altra editorial, 2017

martes, 26 de diciembre de 2017

Els homes i els dies, de David Vilaseca (3, amants)

Dimarts, 6 d'abril, 1999. — Vet aquí en quatre paraules els motius pels quals, segons li explicava ahir al vespre a la Mila per telèfon, les meves relacions amorosas han de tenir sempre els dies comptats.
  —Quan conec algú més o menys de la meva edat, amb una professió estable i que, en general, podria resultar un "bon partit" —li deia—, m'agafen ganes de posar-me a córrer com si m'empaitessin perquè, a mi, el que m'agrada de veritat és que els meus amants siguin tot el contrari que jo: joves intrèpids i narcisistes que es vulguin menjar el món; prostituts a qui no els interessi gens la meva investigació; skinheads temperamentals que no entenguin d'òpera ni de llibres... El problema —vaig afegir— és que, quan tinc això, he de fugir més de pressa que abans perquè amb un home així, ja em diràs qui hi pot tenir una relació gaire llarga!
  Un dels avantatges de tenir trenta-cinc anys en lloc de divuit o vint-i-quatre és que, mentre que anys enrere les meves preferències en qüestió d'amants m'havien portat a topar de cap contra la paret cent vegades, ara he après a acceptar-les com són i a mirar de conviure-hi sense fer-m'hi mal. Això vol dir que cerco la companyia dels homes que m'agraden quan la necessito, però que vaig amb compte a no enamorar-me'n i a no demanar-los allò que no em poden donar. I en lloc d'això, vaig a veure l'exposició de Jackson Pollock a la Royal Academy o la nova còpia de The Night of the Hunter que s'acaba d'estrenar al West End, o escolto Bach o Schubert, o llegeixo Dostoievski, Proust o James... —activitats que, si voleu, no tenen el mateix atractiu libidinal i intel·lectual que en el passat havien tingut per mi alguns homes, però que en són un substitut molt digne i bastant més segur. He dit! » (pàg. 440)

David Vilaseca, ELS HOMES I ELS DIES, l'altra editorial, 2017

lunes, 25 de diciembre de 2017

Els homes i els dies, de David Vilaseca (2, llibres)

«Dijous, 23 de juliol, 1998. — Jaime Gil de Biedma diu que escriure un diari serveix per precipitar els esdeveniments. Ve a dir que, per mitjà del diari, un es força a prendre les decisions que moralment i intel·lectualment li convé prendre —una opinió que comparteixo per complet. Naturalment, és allò que escriure un diari té en comú amb la psicoanàlisi (una altra activitat encaminada principalment a "precipitar esdeveniments"). Em pregunto què em deu portar a mi avui a reprendre aquesta tasca després de més d'un any d'interrupció —quina mena de decisió em deu voltar pel cap sense acabar de materialitzar-se, la qual escriure el diari vull que m'ajudi a determinar.
  Em trobo en un moment de transició. Els primers sis mesos del meu any sabàtic (estic de sabàtic des del febrer) han estat joiosos i molt aprofitats. Llevat d'uns dies de vacances al maig, que vaig passar a Praga, els he dedicat per complet a treballar: he escrit el bloc dedicat a Juan Goytisolo del projecte sobre literatura autobiogràfica que actualment tinc entre mans, he fet tota la investigació que em calia per al capítol sobre Gil de Biedma, he posat fil a l'agulla a un simposi que dirigiré l'any vinent amb el Chris Davies, i a més m'he fet un fart de llegir (de feina principalment, però també lectures més disperses que m'han omplert de satisfacció —Els Buddenbrook, Els germans Karamàzov, Middelmarch...). D'unes quantes setmanes ençà, però, el meu fracàs a l'hora d'escriure ha estat total. Amb tots els apunts a disposició i els llibres acabats, no he aconseguit més que mastegar una vegada i una altra les notes que tinc sobre els diaris filipins de Gil de Biedma sense que hagi sorgit la necessitat real d'iniciar el nou capítol.
  A principis d'agost me'n torno a Grècia (aquesta vegada per dues setmanes) i l'excitació que ja començo a sentir no m'ayuda a concentrar-me. Penso si el que seria millor és simplement donar l'estiu per acabat pel que fa a la investigació i concentrar-me en les lectures que vull fer com a preparació per al viatge: acabar amb el volum de Les illes de Josep Pla, i després continuar amb Lawrence Durrell i potser Henry Miller.
  Aquest sabàtic m'està donant, l'oportunitat de fer la vida que realment m'agrada: la vida de "l'escriptor integral", com diu Gil de Biedma, consistent a llegir, escriure i tenir temps, intel·lectualment parlant, per tafanejar i deixar-se portar. Per sort o per desgràcia, però, em sembla que sóc més dispers del que, ara per ara, seria recomanable a fi de tenir una carrera acadèmica d'èxit en aquest país. Mentre que, ara i aquí, als professors universitaris dels departaments de llengües modernes se'ns demana especialització i que publiquem tant i tan de pressa con puguem sobre una cultura concreta, a mi el que m'interessa és fer el meu camí i no escriure ni una sola ratlla sense que hi hagi una veritable necessitat moral de dir el que dic.» (pàgs. 407-408)

David Vilaseca, ELS HOMES I ELS DIES, l'altra editorial, 2017

domingo, 24 de diciembre de 2017

Els homes i els dies, de David Vilaseca (1, el diari)

David Vilaseca (Barcelona 1964-Londres 2010)
ELS HOMES I ELS DIES
Obra narrativa completa
l'altra editorial, 2017 - 752 pàgs. - inicio
· Per què ningú m’havia parlat de David Vilaseca?
· Obituary, The Guardian, 11 marzo 2010
[poderós, lúcid, tendre]
«Dimarts, 16 de maig, 1995. — Una sessió important amb el Richard Hirsh, en la qual surto a parlar d'aquest diari. En acabat, tornant cap a casa, tinc un d'aquells moments reveladors i incompartibles que et fan sentir infinitament ric per dins i superior a tothom. La psicoanàlisi pot tenir, de vegades, uns efectes veritablement màgics, només comparables als de l'amor en complexitat i capacitat per enlluernar-nos.
  Tot ha vingut arran del fet que, quan li he comentar que m'estava plantejant canviar de feina encara que només porto vuit mesos a Southpool (efectivament, s'ha anunciat una plaça en un College de Londres que m'agradaria sol·licitar) el Richard m'ha dit:
  —You don't want to be known; you are hidding.
  I després:
  —In other words, you haven't really «come out».
  Ha estat llavors, arran d'aquest suggeriment del meu psicoanalista que "m'estava amagant" i que (figurativament parlant) encara no m'havia "destapat", que he començat a parlar de la gran importància que per a mi té aquest diari. Cap dels meus amics ni de les persones que estimo no ha sabut mai de l'existència d'aquestes pàgines. Sempre he tingut tants escrúpols a revelar la meva ocupació secreta que, o no m'hi he referit mai, o quan ho he fet ha estat tan tangencialment que estic segur que havien d'haver-ho oblidat tot seguit: "Ah sí, jo també n'escric un, de diari, de tant en tant", etc. En canvi, he explicat, el diari és, de tot el que faig, la cosa a la qual jo dono més importància; més que a la meva carrera professional, que em permet de cobrar uns diners a fi de mes. Allà on sento que realment sóc jo, allà on em sembla que estic escrivint una cosa veritablement singular i per la qual valdria la pena de viure i fins i tot de morir, és en aquest diari.
  Si en parlo honestament, he d'admetre que allò que em fa vibrar és el pensament que aquí estic deixant una cosa per la qual potser algun dia se'm donarà reconeixement; unes pàgines per les quals, fins i tot, pot ser que se'm descobreixi pòstumament com "un dels escriptors més grans de la meva època"...» (pàgs. 312-313)

foto enviada per David Vilaseca a en Joan Turmo. Estiu 2009
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jueves, 21 de diciembre de 2017

Signor Hoffman, Eduardo Halfon

Eduardo Halfon (Guatemala, 1971)
SIGNOR HOFFMAN (bibl. vila de gràcia)
Libros del Asteroide, 2015 - 152 págs. - inicio
[5 relatos redondos leídos de un tirón]
«No era judío, mi nonno, dijo. Era un soldado italiano, dijo, que fue capturado por los alemanes en el 43, tras la firma del armisticio entre Italia y los aliados, y pasó los siguientes dos años como prisionero de guerra en un campo de concentración en Hamburgo. Internati Militari Italiani, se les llamaba a estos prisioneros en italiano, dijo, o Italienische Militärinternierte, en alemán. Mi abuelo, dijo, se llamaba Bacicio. O así le decíamos. Il nonno Bacicio, dijo y se volvió hacia la barra para pedirle a Luigi dos cervezas más. ¿Pero tu abuelo se salvó, entonces? Marina esperó a que Luigi llegara, dejara las dos botellas sobre la mesa, y se marchara. Se salvó, sí. Pero no le gustaba hablar de esos años, dijo, al igual que tu abuelo. Fumamos un momento en el ruido blanco del noticiero y los murmullos de Luigi. Lo único que me contó, casi al final de su vida, dijo Marina, fue del día que lo liberaron del campo de concentración en Hamburgo las tropas americanas. Me contó que nunca había sentido tanto miedo como ese día, ya libre, caminando con todos los demás prisioneros de guerra. No tenía nada. Ni comida, ni agua, ni dinero. Nada. No sabía hacia dónde caminar. Me dijo mi nonno que sólo caminaba con todos hacia delante, entre miles de prisioneros de guerra, sin saber hacia dónde se dirigía, cuando de pronto escuchó que alguien gritaba su nombre desde atrás. Era otro soldado italiano, también calabrés, llamado Menzaricchi. O ese era su apodo, Menzaricchi, que quiere decir media oreja. Apenas se conocían, me dijo mi nonno Bacicio, pero los dos hombres se abrazaron y lloraron y se estrecharon las manos y empezaron a caminar juntos hacia Italia. Marina bebió un trago largo de cerveza. Me dijo mi nonno que durante todo el camino hacia Italia, no sé cuántos días o semanas o meses caminando juntos, los dos hombres jamás se soltaron la mano. Marina estiró un brazo y agarró mi mano demasiado fuerte y hasta con algo de torpeza. Todo el camino así, dijo apretando. Y así, tomados de la mano, me dijo mi nonno Bacicio, llegaron por fin a sus casas en la Calabria.
    Marina me soltó como si estuviera soltando una cosa inerte. Se echó hacia atrás en su silla, agotada, y bebió otro trago de cerveza.
    Ellos luego dejaron de verse muchos años, dijo. Pero al final de sus vidas, ambos ya viejos y jubilados, se sentaban todas las tardes en una misma banca frente al mar. Nada más se quedaban juntos un rato en esa banca, dijo, sentados frente al mar. A veces una hora. A veces ni eso. Sin decirse nada. No tenían ya nada que decirse, supongo. Sólo querían estar juntos un rato. Como si al final de sus vidas de nuevo se necesitaran para sobrevivir, para seguir sobreviviendo un poco más.» (págs. 30-31)

martes, 19 de diciembre de 2017

Los náufragos de las Auckland, de François Edouard Raynal

François Edouard Raynal (1830 - 1898)
LOS NÁUFRAGOS DE LAS AUCKLAND
[Les Naufragés, ou Vingt mois sur un récif des Îles Auckland, 1870]
Trad. Traducido por Pere Gil
Jus ediciones, 2017 - 256 págs. - inicio
[inquietante]
[de la INTRODUCCIÓN] «Si al lector le parecen dignas de su curiosidad e interés unas aventuras comparables a las de Alexander Selkirk —a quien Daniel Defoe inmortalizó con el célebre nombre de Robinson Crusoe—, un naufragio en las costas de una isla desierta y una supervivencia de casi veinte meses en un peñasco inhóspito con unos pocos compañeros; la urgencia de cubrir por los propios medios todas las necesidades y generar todos los recursos: levantar una casa para defenderse de las inclemencias del tiempo, confeccionar las propias ropas, cazar y pescar para paliar el hambre, establecer una jerarquía y designar un guardián del orden y la paz —es decir, reinventar la civilización en las condiciones más difíciles— y, por último, un feliz rescate no debido al azar, sino a la voluntad inquebrantable y a la perseverancia, no tengo necesidad de extenderme más justificándome por haber tomado la pluma para relatar estos hechos.
  Si mi libro resulta de algún provecho, quien lo lea debería sentir en toda su intensidad la dicha de vivir en la propia patria, entre los compatriotas, junto a los parientes y amigos, apreciar más y sentir una mayor gratitud por los inestimables favores que la sociedad y la civilización nos prodigan.» (pág. 17)

jueves, 14 de diciembre de 2017

El futuro es vegetal, de Stefano Mancuso

Stefano Mancuso
EL FUTURO ES VEGETAL
Trad. David Paradela
Galaxia Gutenberg, 2017 - 240 págs. - fragmento
[más sobre el apasionante mundo vegetal]
«Una planta no es un animal. Esta afirmación puede parecer la quintaesencia de la banalidad, pero me he dado cuenta de que nunca está de más recordarlo. Lo cierto es que nuestra idea de una vida compleja e inteligente corresponde a la vida animal, y como, inconscientemente, no encontramos en las plantas las características típicas de los animales, las catalogamos como seres pasivos (es decir, «vegetales»), negándoles cualquiera de las capacidades típicas de los animales, desde el movimiento a la cognición. Es por eso que, cuando vemos una planta cualquiera, debemos recordar que estamos observando algo que está construido a partir de un modelo completamente distinto del modelo animal. Un modelo tan diferente que, comparados con él, los alienígenas del cine de ciencia ficción no son más que simpáticas fantasías infantiles.

Las plantas no se nos asemejan en nada; son organismos distintos, una forma de vida cuyo último antepasado común con los animales se remonta a seiscientos millones de años, la época en que la vida, recién salida de las aguas, empezaba a conquistar la tierra firme. Plantas y animales se separaron en ese momento para seguir cada cual un curso distinto. Mientras que los segundos se organizaron para desplazarse por la tierra, las primeras se adaptaron al entorno arraigándose en el suelo y empleando como fuente de energía las inagotables emisiones luminosas del sol. A juzgar por su éxito, nunca hubo elección más acertada: hoy en día, no existe un solo rincón del planeta que los vegetales no hayan colonizado, y su grado de difusión con respecto al total de seres vivos es aplastante. Existen varios cálculos —muy variables, no es fácil medir el peso de la vida— acerca de la cantidad de biomasa vegetal de la Tierra, pero ninguna atribuye a las plantas una cantidad inferior al 8o %. En otras palabras: al menos el 8o % del peso de todo lo que vive en la Tierra se compone de vegetales. Un porcentaje que da la medida, única e indiscutible, de su extraordinaria capacidad adaptativa.

La elección inicial de permanecer ancladas al suelo condicionó las sucesivas modificaciones del cuerpo de las plantas, el cual evolucionó adoptando soluciones tan distintas de las de los animale que para nosotros resulta poco menos que incomprensible. El resultado final es que las plantas no tienen cara ni articulaciones ni, en general, una estructura reconocible que las aproxime a los animales, y eso hace que sean prácticamente invisibles. Las consideramos una parte más del paisaje: vemos lo que comprendemos, y no comprendemos más que lo que es similar a nosotros. Esto es lo que determina la alteridad de las plantas.

¿En qué sentido el modelo vegetal se aparta del modelo animal? ¿Qué características tienen las plantas que las hacen tan lejanas e incomprensibles? Una primera, y enorme, diferencia es que las plantas, al contrario que los animales, no poseen órganos individuales o dobles a cargo de las funciones principales del organismo. Para una planta que vive arraigada al suelo, sobrevivir a los ataques de los depredadores representa un problema mayúsculo: puesto que no puede huir, como haría cualquier animal, su única posibilidad de supervivencia reside en resistirse a la depredación, en no doblegarse a ella. Esto es fácil de decir, pero muy difícil de lograr. Para cumplir este milagro es necesario poseer una constitución distinta de la de los animales. Hay que ser una planta y carecer de puntos débiles evidentes, o, cuando menos, tener menos puntos débiles que los animales. Los órganos, por ejemplo, son un punto débil. Si una planta tuviera un cerebro, dos pulmones, un hígado, dos riñones y demás, estaría destinada a sucumbir ante el primer depredador —por minúsculo que fuera, como un insecto— que atacase uno de estos puntos vitales y mermara su funcionalidad. Por eso las plantas no disponen de los mismos órganos que los animales, y no porque, como podríamos pensar, no sean capaces de llevar a cabo las mismas funciones. Si las plantas tuvieran ojos, orejas, cerebro y pulmones, nadie dudaría que fueran capaces de ver, oír, calcular y respirar. Pero como no poseen los mismos órganos que nosotros, necesitamos hacer un esfuerzo con la imaginación para comprender sus refinadas capacidades.

En general, las plantas distribuyen por todo el cuerpo las funciones que en los animales se concentran en órganos específicos. La clave esta en descentralizar. Con los años hemos descubierto que las plantas respiran con todo el cuerpo, que oyen con todo el cuerpo, que calculan con todo el cuerpo y así sucesivamente. Distribuir todas las funciones lo más posible es el único modo para sobrevivir a la depredación, y las plantas han sabido hacerlo tan bien que pueden permitirse que les extirpen grandes porciones del cuerpo sin que ello mengüe su funcionalidad. El modelo vegetal no prevé la presencia de un cerebro que ejerza un control central o imparta órdenes a los órganos que de él dependen. En cierto sentido, su organización es el símbolo de la modernidad: poseen una estructura modular, colaborativa, distribuida y sin centros de mando, capaz de soportar perfectamente depredaciones catastróficas y continuas.» (pág. 133-35)