jueves, 12 de octubre de 2017

L’últim llibre de Sergi Pàmies

Sergi Pàmies
L'ÚLTIM LLIBRE DE SERGI PÀMIES
Quaderns Crema, 2000 - 152 págs. - b.lesseps
[inapel·lable]
«L'home que ja no s'assembla a com era abans d'operar-se torna al poble. Com que, d'entrada, ningú no el reconeix, ha de repetir constantment la història de l'operació. Fins i tot els amics i familiars el miren amb reticència. No s'expliquen que hagi decidit passar pel quiròfan per assemblar-se a un famós actor francès. I els que, fent un esforç, arriben a comprendre'l, li pregunten: "¿Per què a aquest famós actor francès i no, posats a fer, a aquell famós etnòleg polonès"?
    L'home surt cada vegada menys i pensa sovint en suïcidar-se. Una nit, just quan està a punt de saltar per la finestra, sona el telèfon. És la psiquiatra que s'assembla a una famosa poetessa argentina, que li explica que, a la ciutat on tothom s'assembla a algú, acaba d'instal·lar-s'hi un circ i que li convindria que ell pogués afegir-se a la troupe.
    "¿En qualitat de qué?", pregunta l'home. "En qualitat d'home que no s'assembla a ningú", respon la psiquiatra, que, tot i que no creu que la psiquiatria sigui una ciència exacta, té prou humanitat per interessar-se pels pacients més enllà dels límits estrictament professionals.» (págs. 87-88)

sábado, 7 de octubre de 2017

La novela luminosa, de Mario Levrero


Mario Levrero (1940-2004)
LA NOVELA LUMINOSA
DeBolsillo, 2016 - 570 págs. - inicio
[revelación]

«Me hago cargo del peligro que implica decir estas cosas, pero estoy harto de callarlas como si fueran crímenes. Conocí el caso de un muchacho que un día descubrió que le gustaba ir al zoológico. Se sentía bien entre los animales, aunque estuvieran enjaulados. Se sentía tan bien que poco a poco se fue dando cuenta de que podía comunicarse con algunos de ellos. Cometió el error de comentárselo a su psicoanalista. Créame, lector, no volvió a ser el mismo de antes; nadie vuelve a serlo, después de una buena serie de electroshocks. Sabiéndolo, me abstuve de comentar que, una vez, conocí unas enormes rocas, que asomaban en una playa como lomos de ballenas, con las que uno podía entablar una cálida comunicación. Me abstuve de comentar que, una vez, la luz de un semáforo me hizo saber que yo —y también ella, desde luego— estaba vivo; no me lo dijo en palabras pues, al igual que las rocas, los semáforos no hablan nuestro lenguaje; simplemente yo comprendí el suyo. Me abstuve de comentar, durante años y años, que la mano de una mujer me acarició la cara, desde una distancia de unos cuatro o cinco kilómetros, y que otra mujer, desde una distancia de unos cien kilómetros, me mordió la espalda. Y que otra mujer, desde una distancia similar, dijo mi nombre y yo la oí. Me abstuve de comentar, durante años y años, que tengo elementos de juicio como para suponer que, de alguna manera superpuesta con nuestro mundo conocido, existe una -¿dimensión?- poblada de seres de gran tamaño, invisibles e intangibles, que no tienen al parecer ningún interés en nosotros. Me abstuve de comentar, durante años y años, que una planta fabricó una vez una muy extraña semilla a influjo de mi amor por una mujer; que me comuniqué telepáticamente con un perro y que, años después, la noche en que ese mismo perro fue envenenado, yo soñé con él, a muchos kilómetros de distancia -soñé que hacía mucho frío, que estaba nevando, que encontraba a ese perro en la calle y lo tomaba en brazos, y la nieve caía y caía sobre nosotros-. Me abstuve de comentar, durante años y años, que he sabido que las flores viajan sin moverse de su sitio, o sueñan. Me abstuve de comentar, durante años y años, que una vez me fue dado ver los colores de un paisaje -en un sueño- con la mente de un amigo pintor; y que una vez escuché una canción con la mente de otra persona. Y me abstuve de comentar muchas otras cosas que sigo absteniéndome de comentar.» (págs. 525-526)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Gil de Biedma. Conversaciones

JAIME GIL DE BIEDMA.
CONVERSACIONES
(entre 1972 y 1990)
Edición y prólogo Javier Pérez Escohotado
Conversaciones con AM Moix, Maruja Torres, Juan Marsé, Federico Campbell, Biel Mesquida, Bruce Swaney, JR Enríquez, A. Espada, JM Cobos, B. Prado y otros.
Ed. Austral, 2015 - 288 páginas - fragmentos
[una delicia]
«—Si yo pudiera elegir, escribiría en catalán o en inglés. El castellano tiene una serie de inconvenientes alarmantes como lengua de poesía. En primer lugar, es de una pobreza vocálica realmente mísera; no tiene más que cinco vocales. Ésa es una de las razones, creo, por las cuales se presta muy poco para la rima consonante, precisamente por la monotonía de las vocales y sobre todo, por la tremenda aparición constante de la e. Entonces resulta que si es una lengua pobre en tonos vocálicos y si además agregamos que se repiten idénticamente las consonantes, el resultado será tendente a la monotonía. Por otra parte, la mayoría de las palabras son llanas, acentuadas en la penúltima sílaba y las palabras agudas son duras (las palabras terminadas en —on, por ejemplo suenan a zambomba). La rima aguda es bastante barata, la rima esdrújula, que se puede hacer de vez en cuando, resulta un tanto afectada; entonces tenemos que si escribimos con rima consonante, estamos condenados a que el noventa y tres por ciento de los versos terminen en palabras llanas. Éste es un elemento de monotonía rítmica y melódica atroz.» (pág. 126)

martes, 19 de septiembre de 2017

La mirada de los peces, de Sergio del Molino

Sergio del Molino
LA MIRADA DE LOS PECES
Literatura Ramdom House, 2017 - 350 págs. - inicio
[interesante autorretrato de juventud]
«[...] Parecía un sindicalista más, como los que conocía por mi trabajo. Grises, de moral estrecha, aburridos. O quizá fuera que mi recién descubierta imbecilidad era impaciente con todo lo que no sonase dionisíaco. Si Antonio [Aramayona] seguía siendo lector de Nietzsche debía entenderlo. O tal vez no, porque daba la impresión de haberse hundido en el lado apolíneo. No me interesaba la educación pública, ni los foros antiglobalización, ni la tasa Tobin, ni la renta básica universal. Quería contarte que algunas noches, cuando no salía, escribía cuentos crípticos muy pornográficos donde mi sosias priápico penetraba hasta la hemorragia a chicas tristes y suicidas. Quería contarle que no era aún tan imbécil, pese a serlo muchísimo, como para pensar que aquellas prosas merecerían una sola lectura. Que, de hecho, procuraba que no las leyese nadie, porque temía que identificasen las claves y descubrieran que me acosté con la novia de un amigo. Pero no podía dejar de escribir. Quería decirle eso, que nunca había dejado de escribir y que escribir era lo único que ordenaba el mundo y lo hacía habitable. Quería decirle que escribía por él, que si yo era Nietzsche, él era mi Shopenhauer, y que si tenía una conciencia muy borrosa de que aquellos escritos me llevarían en algún momento al país literario donde quería mudarme, era porque él me inoculó esa convicción [...]» (pág. 137)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Animal doméstico, de Mario Hinojos

Mario Hinojos
ANIMAL DOMÉSTICO
Caballo de Troya, 2017 - 320 páginas - fragmento
Perturbadora novela para Francisco Lozano (Babelia)
[asombroso artefacto literario]
«[25 de marzo] Últimamente pienso que lo que hago no es otra cosa que escribir un diario. Nunca antes había llevado uno. Nunca antes había intentado resguardar nada. No tuve ni mascotas ni colecciones. De pequeño no hubo otra responsabilidad más allá de las obligaciones escolares y, de pronto, intento que mi vida se pueble de sentido y sea digna de ser atesorada. Quizá se deba a que todo ha terminado para mí; el futuro se abre a una vida desconocida en la que no hay espacio para la posteridad, donde no hay tiempo para el porvenir, acaso, únicamente, para la supervivencia. Sin embargo una extraña libertad recorre de forma íntegra este periodo. Como si a partir de ahora todo lo que hiciese estuviera despojado de yugos y ataduras. Porque la guerra se conjuga siempre en tiempo presente. Durante la guerra no ocurre nada más que lo que está sucediendo en ese instante: lo que está siempre a punto de terminar en el segundo siguiente, ahora mismo, o ahora. Lo cierto es que la vida no termina, solo cambia; la frase es en apariencia de la Biblia, en realidad la he copiado de un libro que me dio el doctor Meyer. Es un diario de guerra, lo escribe una mujer durante el segundo conflicto de Kosovo. Debo de haber leído hasta ahora un tercio de las anotaciones que lo forman. Apenas unos días después del inicio de su diario, en la página 18, encuentro este fragmento: "25 de marzo de 1998. Siento como si mi universo se hubiese vaciado de líquido amniótico. Me estoy secando y sofocando, privada del amor, la seguridad y los sentimientos. No soy feliz, no soy valiente, no tengo opiniones. Esto no es normal, es estar fuera de una vida que tampoco te necesita y de una historia que no te toma en cuenta. Mi futuro es un muro contra mi cara, mi pasado es un abismo. Así pues, estoy aprendiendo a bailar sin moverme, a bailar con la mente. Dicen que la mente es una de las primeras cosas que muere; yo creo que la mente muere antes si uno está devastado. Para preservar la mente hay que defender todo lo que contribuye a conformarla. ¿Y qué es eso?¿Es la libertad, el amor, la belleza? ¿Es la democracia, la compasión el arte? ¿O es otra cosa, un centro invisible, una energía que gira eternamente? No sé dónde está ese centro. No sé dónde estoy: el afuera invade al adentro. Lucho por salvar mi interior para cuando vengan tiempos mejores". Fin de la cita. Podrían ser mis palabras; literales.Desde que comencé a leer el libro siento que no hago otra cosa que copiar a Jasmina Tešanović, sus palabras podrían ser las mías, sus palabras son las mías, mi diario es el Diario de Jasmina. No sé a qué se debe esa constante sensación de remedo. ¿Qué tan cerca o qué tan lejos debe ocurrir la guerra para que sientas que la guerra es cosa tuya? El doctor Meyer me ha sugerido un ejercicio, escriba usted, ha dicho, como si fuera otro. Si le resulta complicado, me ha dicho Meyer, procure usted ausentarse, mirarlo todo con distancia, ha remarcado. Yo siento sin embargo que la distancia se reduce. Se confunden las rocas con los perros, se trasponen los gritos con gemidos salvajes. Todo es y no es al mismo tiempo, el final y el principio de los tiempos. Solo ahora se me ocurre, de repente, que quizá la demanda es por un orden, la exigencia es mi necesidad de encontrar una manera de organizar la destrucción luego de toda esta catástrofe. ¿Será que uno escribe, acaso, para ordenar el caos?» (págs. 81-83)

[Mario Hinojos: about - twitter - instagram - trànsit]

interior y exterior
Fragmento de la camisa de la edición intervenida por el autor

martes, 5 de septiembre de 2017

Veo una voz, de Oliver Sacks

Oliver Sacks (1933 - 2015)
VEO UNA VOZ
VIAJE AL MUNDO DE LOS SORDOS
[Seeing voices, 1989]
Trad. José Manuel Álvarez Flórez
Anagrama, 2017 - 264 páginas - lengua de signos
[interesante aunque muy académico]
«Nacemos con nuestros sentidos; son "naturales". Podemos adquirir habilidades motoras solos, claro. Pero no podemos aprender el lenguaje solos: esta habilidad corresponde a una categoría única. Es imposible aprender el lenguaje sin cierto potencial básico innato, pero ese potencial sólo puede activarlo otra persona que tenga ya competencia y capacidad lingüística. El lenguaje sólo se aprende por transacción (o, como diría Vygotsky, "negociación") con otro. [...] La madre, o el padre, o el maestro, o en realidad cualquiera que hable con el niño, va llevándole paso a paso a niveles de lenguaje superiores; le conduce al lenguaje, y a la imagen del mundo que hay encarnada en ese lenguaje (que es la imagen del mundo de ella, porque es su lenguaje; y, además, la imagen del mundo y de la cultura a la que ella pertenece). [...] El niño tiene una experiencia independiente del mundo que le proporcionan los sentidos, y esto es lo que establece una correlación o confirmación del lenguaje de la madre, y cobra significado, a su vez, a través de él. Es el lenguaje de la madre, interiorizado por el hijo, lo que permite a éste pasar de la sensación al "sentido", elevarse de un mundo perceptivo a un mundo conceptual.» (págs. 106-107)

miércoles, 30 de agosto de 2017

Diarios del Sáhara, de Sanmao

Lectura de 'Sahara' en Yecla
Sanmao (Chen Mao Ping, 1943-1991)
DIARIOS DEL SÁHARA
[撒哈拉的故事 (Stories of the Sahara), 1976]
Trad. Irene Tor Carroggio con la colaboración de
Zang Jiechao. Edición de Helena Pons
:Rata_, 2016 - 462 páginas - Iolanda Batallé
- Sanmao, vagabunda y libre
[curioso]
«Un día, la pequeña Labu llamó a mi puerta. Al abrir me encontré con una cosa que parecía una colina, pero en realidad era un camello muerto. Fue una escena impactante, pues había sangre por todas partes.
    —Mi madre dice que lo pongas en tu nevera.
    Giré la cabeza, eché un vistazo a mi nevera,
que era tan grande como una caja de zapatos, y dejé escapar un suspiro.
    —Labu, dile a tu madre que cuando me regale aquella casa tan grande que tenéis, podré meter el camello en mi nevera —le propuse agachándome a su lado.
    Evidentemente, el camello no entró en mi nevera, pero la madre de Labu me puso mala cara durante casi un mes.
    —Tu rechazo ha herido mi orgullo —se limitó a decirme.
    Todos los saharauis eran muy orgullosos, y como yo no me atrevía a herirles el orgullo, tampoco me atrevía a decirles que no cuando me pedían cosas.» (pág. 140)

miércoles, 9 de agosto de 2017

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

Haruki Murakami
DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR
[職業としての小説家
(Shokugy¯o to shite no sh¯osetsuka), 2015]
Tusquets, 2017 - 304 páginas - inicio
Trad. Fernando Cordobés González y Yoko Ogihara
- Lector agradecido, Rafael Narbona.
- Cómo no quererle, Alberto Olmos
[Haruki nos cuenta cómo trabaja]
«Mi capacidad para escribir en inglés era, obviamente, limitada. Podía escribir frases cortas con una estructura gramatical más bien simple. Por muchas emociones complejas que albergase, no podía expresarlas tal cual. Me servía de las palabras más sencillas posibles para transmitir contenidos no tan sencillos. El lenguaje debía ser simple, las ideas estar expresadas de un modo fácil de entender, debía eliminar todo lo superfluo en las descripciones hasta transformar el contenido en algo compacto que cupiera en un recipiente limitado. El resultado era considerablemente tosco, pero avanzar con esas dificultades dio lugar a una especie de ritmo en las frases que constituía un estilo propio.
    Nací con el japonés como lengua materna, por lo que mi sistema lingüístico se compone de palabras y expresiones en japonés que se amontonan como animales inquietos en una cuadra. Cuando intento construir frases a partir de un paisaje interior o a partir de determinado sentimiento, ese sistema, esos «animales» van de acá para allá y terminan colisionando. Por el contrario, si me propongo escribir en otro idioma como el inglés, eso no ocurre porque las palabras y las estructuras gramaticales están limitadas. Lo que descubrí entonces fue que a pesar de las limitaciones, si uno combina eficazmente los elementos de los que dispone y expresa sus sentimientos a través de esas combinaciones, puede hacerse entender sin problemas. En resumen, lo que quiero decir es que no hace falta recurrir a palabras difíciles ni a giros complejos para que la gente te entienda.
    Más adelante descubrí que Agota Kristof había escrito unas novelas excelentes valiéndose de un estilo y unos recursos parecidos. Era húngara, pero después de la revolución de 1956 se exilió en Suiza y no le quedó más remedio que ponerse a escribir en francés. De haberlo hecho en su idioma natal no habría logrado nada. El francés era para ella una lengua extranjera aprendida de adulta (por pura necesidad), pero al utilizarla para escribir descubrió un estilo peculiar, una voz propia. Sus obras tenían un ritmo vivo basado en frases cortas, en palabras directas, francas, sin ambigüedades, en descripciones precisas sin intenciones ocultas. A pesar de todo, sus obras desprendían una atmósfera enigmática, como si escondieran algo bajo la superficie. Recuerdo bien que cuando la leí sentí nostalgia, aunque su intención era bien distinta. Por cierto, su primera novela, El gran cuaderno, se publicó siete años después de Escucha la canción del viento.
    Cuando descubrí lo divertido que me resultaba escribir en un idioma extranjero y con un ritmo propio, guardé la Olivetti en el armario y saqué de nuevo el cuaderno y la pluma. Me senté a la mesa de la cocina para traducir al japonés lo que había escrito en inglés, que tenía una extensión aproximada de un capítulo. Aunque digo traducción, no lo era en un sentido estricto, sino, más bien, algo parecido a un trasplante. Inevitablemente de allí brotó un nuevo estilo en japonés. Un estilo mío. Lo había descubierto por mí mismo y en ese instante comprendí que funcionaba al escribir así en mi idioma. Fue como si se me cayera una venda de los ojos.» (págs. 49-50)

sábado, 5 de agosto de 2017

Tuyo, de Rodrigo Amarante


Narcos Opening
Soy el fuego que arde tu piel
Soy el agua que mata tu sed
El castillo, la torre yo soy
La espada que guarda el caudal
Tú el aire que respiro yo
Y la luz de la luna en el mar
La garganta que ansío mojar
Que temo ahogar de amor
Y ¿cuáles deseos me vas a dar?
Dices tu, "Mi tesoro basta con mirarlo
Y tuyo será, y tuyo será"